ESCUDO PAPAL

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El Papado Gobernante encabeza el Colegio de los Apóstoles de los últimos tiempos que asumen unidos, SER el Señor y Maestro Jesucristo, servidores a la única Iglesia que Él mismo fundó, su conducción: el Imperio del Sagrado Corazón de Cristo Rey.

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domingo, 6 de abril de 2008

¿QUE ES LA AYUDA VITAL?

Por Pedro II, siervo de los siervos fieles al Rey Cristo Jesús

«El hombre mundano no capta las cosas del Espíritu de Dios. Carecen de sentido para él y no puede entenderlas, porque sólo a la luz del Espíritu pueden ser discernidas (juzgadas). Por el contrario, quien posee el Espíritu lo discierne (juzga) todo y no está sujeto al juicio de nadie.» (1º Corintios 2, 14-15)

Con la creación de la mujer nació la solidaridad entre los seres humanos porque decidió Dios crearla de una costilla del varón y no moldearla con tierra y agua, como había hecho con el varón mismo y con los animales (Cf. Génesis 2, 19-22). Desde el principio la mujer es parte del otro, es carne de la carne y sangre de la sangre de su compañero; pero cómo éste es imagen y semejanza de Su Creador, es la mujer parte de Dios desde el origen, hay en ella una consubstancialidad con Él. Por esta misma razón estaba destinada a concebir, ser dadora cuidadora de la vida, co-creadora o principal colaboradora del Creador. Digámoslo de una vez, es la mujer mejor que el varón desde la creación.
Su terrenalidad, es decir, lo visual, lo carnal, lo material, es “como prestada”, viene de la costilla de Adán, por eso, sobre esta base, quiso la serpiente primordial estropear a la creatura humana. Siendo este el objetivo del maldito, era obvio que debía estropear esta especial y única perfección propia de la mujer; el engaño consistió en ofrecerle lo que ya era o ya tenía: Eva es hija de Dios, y en tanto vivía en la Trinidad, era Dios, pero aceptó rebajar su dignidad al ser como Dios por no esperar a concebir, ya que todavía no sabía cuando lo iba a decidir y cómo lo iba a hacer Dios. Sabiendo Eva cual era su específica función en la generación de la vida humana, llevada por la presunción, el fermento de la soberbia, que esa misma cualidad le instaló en el corazón, sintió el impulso maternal y, ansiosa, quiso conocer anticipadamente; de esta forma, perdió esperanza y desconfió de su Creador.
Notemos que, por el contrario, la Nueva Eva, María no quiso conocer como se iba a concretar aquello de: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra» (Lucas 1, 35), supo esperar y sólo confió en Dios, a nadie le contó ni a nadie tenía en su entorno para consultar sobre tan grande misterio; cuando por caridad fue a visitar a Isabel para ayudarla porque estaba embarazada de seis meses siendo una mujer entrada en años, pensó que a ella si podía contarle, pero Dios, por medio del Espíritu Santo le hizo saber antes a Isabel que había concebido al Hijo de Dios que crecía en el seno de su joven prima, y la bendice apenas la recibe en su casa. María había aceptado sin entender, y no sólo confió por su propia situación que ponía en riesgo su vida, porque las leyes y costumbres de su pueblo la exponían al repudio de José y también a la muerte por lapidación, sino que confío a Dios tanto el comunicarle a José como que éste aceptara totalmente dicho misterio.
Toda mujer desde su origen no es “dueña” de si misma, en el genio de toda mujer _aún contaminada e influida por Satanás_ siendo discípula de él, este darse a los demás, y su innata solidaridad, casi nunca desaparecen en ellas. Tienen un corazón o espíritu femenino tan semejante o parecido a Dios, que nada les impide sentir que son Dios en determinadas circunstancias o por momentos, y sentencian juicios sobre “el otro” ocupando el lugar de Jesús, el Único Juez. Confesando su amor a Jesús, destacando su amor por sobre el Amor que Él les da y nos entrega primero, caen muy fácilmente en enjuiciarlo de hecho y disponen como si supieran más que la Sabiduría Encarnada.
Con respecto a lo terrenal: lo visual, lo carnal, y lo material, sintiendo que no le son propias _decíamos que son para ellas “como prestadas”_ las mujeres lucharán, reclamarán y hasta exigirán, que el varón lo provea, aún contemporáneamente cuando muchísimas deben trabajar fuera del hogar.
Sin embargo, su caridad y solidaridad sólo pueden exagerarse, y exacerbarse este impulso espiritual original, y sobre todo, deformarse y desviarse, llegando a dominar a su esposo y sus seres más queridos y familiares por medio del empleo de dichas virtudes. Toda virtud exagerada, que se hace absoluta, y se practica fuera de contexto y de su sentido verdadero, se convierte en un vicio. Lo que hace el Diablo en ellas, es tentarlas continuamente operando sobre sus características y perfecciones originales, sobre la mente y el centro de los sentimientos: el hipotálamo. Es que así como se pueden hacer buenas acciones sólo por soberbia y no por amor-caridad, también pueden las mujeres, y es habitual que sean y se comporten como diosas en el hogar y en los demás ámbitos donde coexisten con sus prójimos dándole rienda suelta a la triple concupiscencia: los malos deseos, la codicia de los ojos y el orgullo de las riquezas, sean estas materiales o espirituales. Por esto dominan desde el interior o el corazón a los varones y compiten implacablemente entre ellas. Hay en el interior de las mujeres de la estirpe de la serpiente un permanente combate de espíritus entre el espíritu de la Mujer, cuyo modelo es María, y los malos espíritus de la Eva caída; y una tendencia a la lucha de almas, es decir, el combate contra los demás varones y mujeres con la apariencia exterior del amor y la solidaridad, en especial, con los más cercanos.
Son esos apegos, afectos y miserias de la carne y la sangre, que el mismo Verbo de Dios: Jesucristo primero se los dio, y ahora les pide que se lo entreguen o devuelvan por libre decisión, si al mismo tiempo cada una renuncia en su corazón a ser discípula de Satanás, y acepta obedecer a su esposo dándole su ayuda vital, y renunciando a su afán de dominar, acepta dar ayuda vital a todos los varones de Dios. La entrega es la liberación que Jesús les da, para luego, elevarlas. Es lo que nos enseña Jesús: Había también mujeres, algunas poseídas por los espíritus malignos e impuros; otras, enfermas de males diversos. Jesús las libró y curó; luego las levantó a tal grado, que les permitió hacerle compañía y asistirlo. Del mismo modo, hoy las discípulas están llamadas por Él a asistirlo en Sus apóstoles y demás varones de Dios, si es que Lo ven y Lo “encuentran” en cada uno de ellos.
La entrega del propio esposo es la aceptación de que éste primero le pertenece a Jesús, y por eso, y en esa medida, a todos los demás hermanos y hermanas de la Comunidad. Pero esto será verdad sólo en la medida que ellas mismas se enamoren y se hagan esposa de Jesús primero. Sobre estos esposos pesa una especie de “hipoteca” a favor de Jesús y del Uno que pide a las mujeres amar más, más y más. Él les dice a cada una: Amalo más porque es Mío, y en él, ama a Mi Obra.
Todo varón experimenta en general una soledad constitutiva, como surge de la segunda narración de la creación. Necesita una ayuda que le sea adecuada (Cf. Génesis 2, 18). El término ayuda designa aquí, no un papel de subalterno, sino una ayuda vital. Esa ayuda indica el auxilio que sólo una persona presta a otra persona, y esa es la función exclusiva de toda esposa con y en Cristo. El término ayuda no tiene ninguna connotación de inferioridad; se podría decir que es como una “devolución de la costilla” que Dios originalmente tomó del varón para formarla. El objetivo de Dios es, en efecto, permitir que la vida de Adán no se convierta en un enfrentarse estéril, y al cabo mortal, solamente consigo mismo. Es necesario que entre en relación con otro ser que se halle a su nivel. Solamente la mujer, creada de su misma "carne y sangre" y envuelta por su mismo misterio, ofrece a la vida del hombre un porvenir. (Cf. Génesis 2, 23-24)
Para poder lograrlo _porque el creer les da el poder_ la Reina Madre María las espera para que se unan a Ella, para que cada mujer sea una con Ella, y de esta forma, ser además de progenitoras y criadoras de niños, formadoras de hombres: mujeres de Dios y varones de Dios viriles y valientes soldados del Padre. Esa formación es para todos y permanente. De esta forma, pueden vivir ese amor más grande, aquel que ansía el bien del amado, se convierte en renuncia, está dispuesto al sacrificio, es más, lo busca. Dice Jesús: ¡Cuanto me apremia encender en otros este deseo de llenar el cáliz con la muerte de la carne, para después beberlo, y ser parte del Padre en su amor ilimitado de oblación total!
A la oblación de la carne y la sangre de las mujeres, el Padre la transforma en sustancias preciosas de la Caridad Divina imprescindibles para la edificación del entramado social del Reino de los Cielos en la tierra, que es el Cuerpo Místico de Jesucristo, Su Iglesia. Se trata de la conversión de la codicia y el afán de dominio en un amor de caridad, que es la base del más alto amor a la Patria. Sin esa oblación y sacrificio, no habrá verdadera caridad, es decir, no habría Política del Reino de los Cielos, ni amor a la Patria. Las parejas de varón y mujer donan su alianza a la Comunidad, para ser felices y libres, haciendo felices a los demás... ¿Qué es lo que pueden donar a sus hermanos? Primero, el amor mutuo que los distingue como discípulos de Jesús, segundo, la disposición y entrega para engendrar, criar y formar hijos, adoptándolos como administradores de Dios Padre... para hacer grande al Reino de los Cielos en nuestra Patria y en el mundo. Estos serán hijos del Padre, adoradores de Dios y servidores del Reino, quienes a su vez, fundarán nuevas familias que engendrarán y formarán más hijos de Dios y hermanos de Jesús y nuestros, restableciendo, de esta forma, los vínculos afectivos y entrelazando el entramado social del Reino de los Cielos en la tierra. Para eso...que las mujeres consagren sus vientres a María, y los esposos, consagren sus hijos a Dios Padre. (Cf. Nuestra Encíclica: Esto es un duelo, un combate fatal - Nº 3.6.)
Por eso nos dice María: «Esta Patria será salvada por los que luchan por Mí. Esta Patria necesita seres con el alma y el corazón limpios para dar amor. Esta Patria necesita soldados dispuestos a dar todo por amor. Esta Patria necesita hermanos que alaben al Padre y lo sigan... Esta Patria necesita amor, mucho amor.»

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