Carta Fe Política Apostólica ¡Muerte y Resurrección!
MANUAL PRÁCTICO DE CONDUCCIÓN SUPERIOR
Para todos los hombres en esta agonía universal
10º entrega
Con la caída se produce una separación en el hombre de lo que originalmente era un único órgano: el corazón-espíritu, y se disocia lo que llamamos cerebro o mente, como ya hemos examinado más arriba. Pasa que fue creado el hombre con un mismo órgano, todos los órganos eran uno cuyo mando es-era el corazón-espíritu. Corazón y cerebro eran uno, e iba hacia Dios.
Se produce una distancia, se pierde esa armonía que había en el principio, y se da un rechazo del cerebro _que quiere ser por sí solo_ del corazón-espíritu, y era-es el cerebro sólo co-mando.
Así y por aquí se divide el hombre a sí mismo; el darse cuenta que estaban desnudos fue-es la primera operación autónoma del co-mando sin Dios en Adán y Eva.
El Señor Nos mostró a Eva y Adán, y vemos como en cámara lenta el momento en que se produce la separación del co-mando con el corazón-espíritu. Eva se mira y ve su cuerpo desnudo _allí en ese instante, piensa-usa el cerebro ya separado de su corazón_ y siente en su interior una herida, que es angustia, tribulación. El Señor nos hace sentir esa herida y es similar a cuando sentimos culpa-condena.
Pero vemos que ella lo vive por primera vez, y siente como una puntada que la sacude, algo desconocido y terrorífico que le causa miedo. Es la primera reacción de este desorden en la armonía espíritu-alma-cuerpo.
El dolor que sintieron Eva y Adán, son los dolores que vivieron María y Jesús específicamente durante la Pasión, con la gran diferencia de que el sentido era otro.
En Jesús y María estos dolores los llenaban de gozo, en cambio en Adán y Eva crecía el miedo de la separación-perdición en el Camino. Jesús-María: la humanidad volvían a La Casa del Padre, Adán-Eva: la humanidad salían de la Casa del Padre.
La zaranda espiritual invisible del “…y serán como dioses, conocedores del bien y el mal” actúa sin descanso en la historia a partir de la caída del hombre.
Esta invitación de la serpiente primordial se hace vana ilusión en el hombre, ilusión vivida como certeza por él. Entra en el cerebro, separado ya del corazón, la idea de que podemos distinguir el bien del mal por nuestros propios medios.
Esta invitación y el querer conocer por sus propios medios, trajeron para el hombre el moralismo farisaico, el juicio propio o auto-juicio que empezó a ejercer sobre sí mismo y todo lo demás, condenándose a sí mismo y a toda la Creación sin ser un juez apto para hacerlo.
Entró al mundo así el moralismo sentimental dualista, la doctrina de Satán, negadora de la unicidad, del Todo Bien que siempre fue, es y será, eterno por los siglos de los siglos.
Con el pecado original-originante dicha zaranda se hizo visible, es decir carne: ¡es el cerebro auto separado del Espíritu! En él y por medio de él los humanos conocen, las formas convenientes son escogidas (el “bien”); las otras, rechazadas (el “mal”).
De esta forma, al cabo de un par de cientos de milenios, el cerebro y cuerpo original del hombre se deforma mucho como iremos viendo.
El cerebro humano actual controla y regula las acciones y reacciones de nuestro cuerpo. Recibe continuamente la información sensorial _de la vista, oído, tacto, olfato y gusto_ y rápidamente analiza estos datos y luego responde, controlando las acciones y funciones corporales; todo esto según el saber humano.[1]
El cerebro es el responsable orgánico, y por eso parcial y sólo en lo visual, del sistema nervioso y el traductor, según la carne y la sangre caída, de conductas y costumbres.
La corteza cerebral los estudiosos la subdividen en distintas áreas funcionales que están interconectadas entre sí. Las primeras son las áreas sensoriales primarías, la segunda es el área motora primaria, y la tercera se compone de las partes restantes de la corteza, que denominan áreas de asociación.[2]
La negación de Dios y de las realidades espirituales hace que los investigadores busquen ubicar en el cerebro al alma o los órganos y áreas de la corteza cerebral asociada a la fe; pero ellos nada encuentran.
En suma, el cerebro es el órgano más complejo, poderoso y maravilloso del cuerpo humano;[3] es difícil y doloroso ver que quienes lo investigan y van viendo lo poco que conocen de su diseño y funcionamiento, puedan querer creer que no hay un Creador. ¡Que piensen que este especial y único órgano del cuerpo sea fruto de una evolución casual y ciega!
Pero el cerebro original era-es la Imagen y Semejanza del Espíritu Santo; es su reflejo, su candor, según Sus Dones se formó.
Nos vimos que el Espíritu Santo en forma de paloma desciende y se detiene en la parte superior-la cabeza del primer hombre, se posa allí y sale una luz de todo su cuerpo que conforma el cerebro; recordamos al ver esto, la visión-contemplación de Jesús de Nazaret que nos testimonia Juan el Bautista (Juan 1, 32-33).
A ese cerebro original lo vimos más simple de lo que hoy lo conocemos, ubicado en la cabeza sí, pero sin forma fija-determinada, y en ese sentido suelto o sea sin estar encerrado en los huesos del cráneo, distendido, cambiante; como una luz que se estira abarcando todo el cuerpo.
Ocurre que al caer, el cerebro se contrae sobre sí mismo y pesa, tiene el peso de su propia lentitud por culpa de haberse separado de DiosàEspíritu Santo, negado contra Él.
Satán al admirarse con la nueva creatura, el hombre, la más hermosa de todas, tuvo envidia y quiso arruinar este simple, extraordinario y vigoroso órgano. Se dedicó a atacarlo porque era-es el encargado de traducir en este Cielo de la Forma lo que es en el Tercero mediante el Segundo, el alma. El demonio sigue atacando-excitando al cerebro haciéndole creer que es como un dios independiente de su Creador.
Por su hermosura-inteligencia-debilidad, el cerebro del hombre fue excitado-exacerbado con el “serán como dioses” y luego de la caída-separación del corazón-espíritu, comenzó a traducir deformadamente las eternas realidades espirituales.
El cerebro así separado se fue haciendo-es el instrumento del saber y de la ignorancia, también de la experiencia del ser reducido y especializado en que se convirtió el ser total del hombre original.
Es el órgano de la selección que tamiza la propia conciencia; admite en ella lo conveniente y no admite-olvida lo inconveniente según la libre voluntad del individuo tendiente a decidir solamente su propia acción o hacer, olvidando a Dios _Su Presencia en los hombres ignorada_ y a los demás hermanos.
En la mente-cerebro se produce el engaño de la separación con el Creador y allí es donde ataca el maligno por ser esta la parte más sensible del cuerpo humano, porque tiene la función de conducirlo en la reunión de los tres Cielos en uno. Así lo pensó el Padre, pero siempre y cuando esté sometido por el Amor al corazón-espíritu de Dios.
Por medio del corazón se alcanza la realidad en su singularidad y se llega al mismo Dios, el cual se manifiesta al hombre en su totalidad en su corazón-espíritu. Esta manifestación y captación de Dios por medio del corazón, es la Fe, necesaria para poder vivir como hombres y llegar-re-unirnos con la Divinidad.
Mediante esta Fe y en este conocimiento por el Amor no opera sólo una parte del hombre _el cerebro o mente_ como ocurre con el frio conocimiento abstracto, sino que es toda la persona la que se pone en juego para alcanzar la Verdad.
Cuando hablamos de corazón-espíritu, tendemos a ubicarlo en un lugar determinado del cuerpo: el pecho, y más a su izquierda. Si bien es así, porque el corazón por el sistema cardíaco alimenta y redistribuye la sangre a todo el cuerpo; y entonces como reflejo, se manifiestan emociones, sentimos, ardor y aumento de los latidos y/o como un ahogo o presión.
Pero muchos también por esto sienten síntomas similares en otras partes del cuerpo.
Pero contemplémoslo en su magnitud original ubicado-tomando todo el cuerpo del hombre, desde el pie hasta la cabeza; todo de él. ¿Por qué decimos esto? Para que lo podamos percibir al espíritu con los sentidos del cuerpo, científicamente hablando. Aunque decir científicamente, es usar una palabra ridiculizada por el “cientificismo” que se confunde con lo que significa en verdad Ciencia.
[1] El tronco encefálico controla la respiración, el ritmo cardíaco, y otros procesos automáticos, y el cerebelo es el responsable del equilibrio corporal, de la postura y de la coordinación de los movimientos. Amplios son los lóbulos frontales, el área frontal que interviene en el autocontrol, el conocimiento, el pensamiento abstracto, la planificación, el aprendizaje y la memoria. Ambos hemisferios cerebrales suman cerca del 85% del peso total del cerebro.
[2] Estas áreas reciben información entrante de las áreas sensoriales y partes inferiores del cerebro y están implicadas en el complejo proceso de percepción, pensamiento y la toma de decisiones.
[3] Los investigadores han estimado que nuestro cerebro contiene de 50 a 100 mil millones (1011) de neuronas, de los cuales cerca de 10 mil millones (1010) son células piramidales corticales. Estas células pasan las señales entre sí a través de hasta 1000 billones (1015) de conexiones sinápticas.
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