Carta Fe Política Apostólica ¡Muerte y Resurrección!
MANUAL PRÁCTICO DE CONDUCCIÓN SUPERIOR
Para todos los hombres en esta agonía universal
31º entrega
El Amor es una Fuerza que trabaja sobre el mundo muerto; actúa formalmente visible y mucho más sin formas, invisible y en el interior del hombre; en especial, es la potencia del Amor-Perdón.
Cada acción del Amor provoca la reacción de la carne y la sangre caída y de los espíritus impuros reunidos en la misma, con una fuerza igual y opuesta. Dicha reacción es la cruda verdad, de cada uno, de todos.
Gracias a esta fuerza-reacción de la tonta infame y traidora podemos conocer verdades desagradables, hasta espantosas en nosotros y en los demás, y luego amarlas; porque con el Amor-Perdón se purificarán y encauzarán a Dios.
Es que en esa misma reacción salen a la luz malas costumbres, inconductas, antivalores, etc., abriendo el telón de la simulación _¡y eso es muy bueno!_ y en éstas podremos reconocer a Gog-Magog, a Judas, a todos los demonios del infierno y al mismísimo Satán; podremos separarnos-diferenciarnos de ellos.
Esa reacción es la persecución, única respuesta general que se puede esperar de la rebeldía por la rebeldía misma, el desamor que caracteriza a estos tiempos finales, como ya vimos.
El resultado de ambas fuerzas aplicadas a la realidad total se parece a…, es como una fuerza de torque o momento torsor que mueve al conjunto: a todos, a la muerte-Resurrección, es decir, genera el movimiento de regreso de todos a la Casa del Padre o al Paraíso.[1] Lo quieran o no, lo merezcan o no.
Como está escrito: Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Los duros de corazón, los orgullosos sólo tienen esa única guía: el Rey Cristo Jesús, para confundir, desviar, mentir y engañar, también.
En la misma medida del acercamiento de todos los hijos de la luz a la Casa del Padre a partir de unos pocos elegidos _la aplicación de la Fuerza del Amor_ los maléficos y resentidos sólo pueden seguir el mismo Camino, que es Cristo, para acercarse más a quienes pretenden anularnos; y buscan matar.
Entonces inexorable y fatalmente, de la forma que describimos, entrarán empujados por las muchedumbres junto a los hijos redimidos a la Casa del Padre.[2]
La “distancia-separación” entre “ambas” fuerzas, está condicionada por la diversidad y cantidad de debilidades-miserias que la Fuerza y el Poder el Amor abarca cuando ama más y más, superando los “límites” de lo amable-agradable hasta alcanzar el infierno de lo malo-lo feo-desagradable.
Es decir, la potencia y esta torsión que hace real o realiza la Obra de Redención es según el radio (distancia) que utilicemos en el espacio. Que le demos a ese momento torsor.
Es inútil querer ponerle límite a algo que es Fuerza en sí misma: el Amor. Hablamos, para mejor comprensión, de dos fuerzas, pero en realidad es una sola porque la segunda es sólo reflejo del Amor.
Por eso, la Salvación no necesita de otra fuerza de empuje, sino de una fusión para mayor potencia y un adecuarse de quien o quienes la reciben.
Cuando el Amor propone con fuerza, avanza, se aproxima y el otro, rechaza o ataca, en realidad contraataca al Amor por miedo en su deformación utilizada por los espíritus impuros-Satán presentes en él; el Amor Perdón se impondrá en la medida que salgan a la luz esos malos espíritus.
El engaño, la impostura o el error se hacen evidentes para ambos, también para quien rechaza descubriendo que eso, no es el querer de su corazón-espíritu. Esto es el adecuarse; muerte también.
Esto ocurre más tarde o más temprano, depende de la persistencia en la prédica, firmeza en la Verdad que libera de quien encarna al Amor. Es el Amor fuerza de torque o momento torsor que dijimos.
Su fuerza-potencia está si quien encarna el Amor es el primero en reconocer y mostrar-entregar sus miserias al otro-prójimo en ese mismo contacto o encuentros que viven. Porque, ya lo dijimos: nada atrae más que el otro vea-sienta que lo que le pasa a él le pasa también al varón o mujer de Dios.
La fusión es amalgama, acople interior en quien la pone en práctica, es cópula entre el Amor y sus-todas las miserias-debilidades, y de esa unión surge la energía vital que se da; que es Amor-Caridad.
De esta forma se produce esa fusión que se manifiesta en estas mismas acciones generando así la Política Celestial que une los corazones al poner las voluntades en paralelo en dirección a las mismas metas y objetivos del bien común.
El Colegio Apostólico produjo esta fuerza de torque desde su constitución en este Cielo de la Forma, pero se vino dando-trasladando a lo visible muy lentamente por el peso de las propias miserias no reconocidas-confesadas y entregadas a Dios Padre y a la Comunidad. Por animarnos poco a amar más.
Las miserias comunes a todos no estaban adaptadas a la Fuerza con que se empujaba semejante pesadumbre, porque justamente no se debía tratar de llevarlas, sino purificarlas y fusionarlas con dicha fuerza de torque o el momento torsor: el Amor.
Es Nuestra misión, para guiarlos-llevarlos a todos nuestros hermanos, primero deben estar livianas las ‹partes-todo› de la Conducción en una armonía de espíritu-alma-cuerpo, y no en perfección, porque la armonía es el juego de la Gracia.
Pasa que la idea de perfección humana es vanidosa y mezquina; mientras que la Gracia, la Fuerza del Poder del Amor, no necesita perfeccionarse porque ya es perfecta y sabia.
Es esta fusión con las miserias de toda la humanidad la que logra una mayor fuerza de torsión, el momento explosivo donde se produce el rendimiento del movimiento de los corazones.
Uno aquí, si se quiere, puede medir el rendimiento personal, si obtiene un 20, un 40 o un 80 porciento.
Pero lo que importa es el rendimiento global-geofideipolítico en la unión Espíritu-Colegio, ya que encontrando la potencia y el torque necesario para que salga rápidamente _en los tres días_ la Fuerza y el Poder necesarios que luego, con la Doctrina y meta: el Golpe Final y Nuevo Amanecer, nos dé a todos dirección y la llegada a la Casa del Padre-el Jardín del Edén.
Esta es la clave del magnífico y perfecto Plan del Padre.
Sólo desde esta, Su Concepción que está por encima de cualquier concepción, podemos comprender-aceptar-vivir la necesidad ineludible de la muerte-Resurrección.
Por el contrario, ¿qué piensa-siente y puede esperar el resto sobreviviente de la carne y la sangre caída?
No entra en la mente reiteradamente violada por el sentimentalismo, que el Amor sea una fuerza, por el contrario, tiende a creer que es debilidad. No cree que el Amor no tenga límites, que sea capaz de amar lo “imperdonable” según su idea; y de nuevo, cree que perdonar es ser débil.
Los creyentes de sincera religiosidad, pero infectados por estas teorías erróneas, piensan que el Amor es, ¡“mágico”!, que los demás tienen o deben aceptar antes o después; y que hay todavía tiempo para esperar su conversión. Para ellos la conversión no tiene plazos.
Por eso no admiten la persecución, ni la negación cerrada, ni las actitudes combativas anti-teas como connaturales y constitutivas de la humanidad caída; sólo condenan la persecución con exceso de moral.
En concreto, no aceptan que la persecución sea una Bienaventuranza como enseña el Maestro (Cfr. Mat 5, 10-13).
Horrorizados por la realidad-única verdad que no pueden evitar percibir, no se animan a mostrarse tal cual son terminando con la hipocresía, viéndose cual miserables necesitados somos todos.
Pero la Verdad, que todavía pretenden retener como prisionera, se está imponiendo dolorosamente uniéndose al Amor.
Aún creyendo que es ahora el fin de los tiempos, la Segunda Venida de Jesús, con ingenuidad muchos fieles esperan que sea una mayoría de la humanidad _los “buenos”_ los que impongan sus valores sobre los “malos”: rebeldes e impíos.
Es la lógica caduca de la contradicción donde siempre debe haber vencedores y vencidos.
En conclusión, es la fuerza de torque o momento torsor: el Amor lo que provoca la reacción de la persecución, la más grande negación de Dios, atrayendo el Amor-Dolor y el sacrificio santo de los elegidos.
Pero esa es la ruina-salida a la luz del Diablo y sus aliados. ¡Que gloria!, ¡qué placer! ¡Satán-Luzbel vuelve a la Casa del Padre y con él Resucita toda la carne y la sangre caída!
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