ESCUDO PAPAL

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El Papado Gobernante encabeza el Colegio de los Apóstoles de los últimos tiempos que asumen unidos, SER el Señor y Maestro Jesucristo, servidores a la única Iglesia que Él mismo fundó, su conducción: el Imperio del Sagrado Corazón de Cristo Rey.

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martes, 6 de diciembre de 2011

* La carne y la sangre caída es la impotencia humana – 2º parte

Carta Fe Política Apostólica ¡Muerte y Resurrección!
MANUAL PRÁCTICO DE CONDUCCIÓN SUPERIOR
Para todos los hombres en esta agonía universal
16º entrega

La unión sexual del varón y la mujer es desde El Principio la expresión del Amor Trinitario completo de espíritu-alma-cuerpo.
Pero el pecado trajo la separación en el amor sexual también; la mujer ya no será-es para Adán Gabriel y su descendencia, ¡…hueso de mis huesos y carne de mi carne!, no serán-es una sola carne.› (Cf. Génesis 2, 23-24).
Adán y Eva se separan, se diferencian, se ultrajan y son expulsados del Paraíso, librados a la suerte eterna en lo sexual también. Llamamos suerte a las infinitas variables de la decisión humana separados de Dios-Amor. Por el pecado original, los órganos sexuales se escinden del Amor-Dios, y caen.
Como vemos, en sus rasgos fisonómicos ahora presentan caída, peso, densidad. Se cae el flujo del Amor y se pierde vitalidad serena; antes, el flujo sanaba.
El rito del Amor sexual, como lo llamamos ahora _en aquel momento era simplemente Amor_ era-es el Acto Primordial en el Paraíso; pero no lo podemos imaginar del todo.
Hubo-hay una separación de los órganos sexuales del Amor, pero es una separación en la concepción que tiene el mismo hombre sobre los mismos órganos y el acto en sí; pero no fue-es así para el Creador.
El hombre durante toda la historia nunca dejó de ‹hacer el amor› y de buscar principalmente a través del rito del Amor sexual, el Amor que es Dios, el Amor de María, aunque no lo supiera-sepa o conciba de esta forma; y siempre contaminado por la insidia del demonio y la falsa moral que lo reprimía y reprime aún.
Así aparece la lujuria, se reduce al varón y más a la mujer a objeto de placer destruyendo su dignidad.
De esta forma, cuando se impone en las culturas el dominio del varón sobre la mujer, se adultera la concretitud del Amor. Por lo tanto, la caída es deformación-adulteración del amor humano, en especial, el amor de pareja, en la historia a través de todos los tiempos.
Desde que el pecador olvida la unidad original del varón-mujer, está en juego la afirmación-confirmación del ser femenino-masculino; sobreviene entonces la devastación de la mujer y la fragilidad del varón.
El trabajo del Diablo para adulterar el Amor en el hombre ha sido persistente y profundo.
Nada de lo Creado ha sido más deformado y estropeado que la unión sexual de la unidad que es la pareja varón-mujer. Una idea perversa, una pregunta, una sensación amarga está presente en la mente y el corazón de todo hombre-varón, y más en la mujer, ¿cómo es posible que mi Creador me haya dotado de órganos vitales, de impulsos tan fuertes, casi irrefrenables, y de todos los sentidos para disfrutar del placer, la ternura y la dulzura para ‹hacer el amor›, para después limitarme a niveles insoportables o prohibírmelo? ¿Es acaso Dios cruel y un sádico burlón?
Es la prédica maldita y sutil del maligno sin respuestas válidas de un híper moralismo “religioso” que el Mismísimo fomentó para apoyarse en él sembrando esta mentira.
Si bien la devastación de la mujer es violencia contra el espíritu de la femineidad-concretitud del AmoràMaría, resulta que ahora en la máxima impotencia, faltan varones viriles; éstos son frágiles porque también las mujeres abandonaron su concepción y formación tratando de liberarse de su dominio.
Pero lo que acrecienta el dominio del varón frágil, es que éste la somete a su fragilidad-debilidad no encausada ahogándola en sí misma, por no querer amarla-salvarla. Esto es la no decisión-conducción del varón, en esto consiste su fragilidad.
La formación del varón, es al principio de su vida y es la más importante.
Las mujeres han aceptado, bajo el rótulo falso de “liberación femenina”, transformarse sólo en objetos sexuales, servidoras de placer, bellos objetos para lucir, también objetos para desarrollar negocios ilegítimos y adulterados, sin dejar de servir en los hogares a esposos-parejas y a sus hijos, haciendo incluso las veces de “animalitos domésticos de compañía”. Al mismo tiempo, todo esto tiende con mucha fuerza a negarles las posibilidades de realizar su vocación de madres.
Los varones, no sólo no se aceptan como en verdad son… frágiles, sino que ya no saben qué es ser un varón viril. Les cuesta a los varones reconocer que la virilidad consiste en aceptar que sin ellas, las mujeres, no pueden ser un hombre íntegro, y que con ellas y sólo con ellas, sí pueden.
El hombre apartado de Dios, ahogando al espíritu-corazón que Él le dio al crearlo, se convirtió en su propio ídolo; y sólo podía-puede retornar a Dios por medio de un esfuerzo doloroso, ya que la tendencia permanente de la carne y la sangre caída es ‹hacia sí misma›.
Ésta no tiene nada de bueno o de malo en sí, pero esa, su tendencia, es fatal; y sobre ella operó-opera el Diablo y sus malos espíritus engendrando a Gog, a Magog y a la traición de Judas.[1] Es la vanidad, un exceso de Amor en la criatura a Dios-si mismo que aguijonea a traicionarse-traicionarLo.
En suma, es la presencia y manifestación de Satán y los demonios en nosotros mismos, en las creaturas humanas. Cuando los espíritus impuros dominan el alma, aparecen y se manifiestan las miserias como dificultades difíciles de vencer, heridas del pecado-desobediencia a Dios-sí mismo.
No se trata sólo de un rey débil para con su propia naturaleza, sino que el hombre se conduce y se comporta contra Dios-si mismo impulsado por esos espíritus hediondos en esa naturaleza caída, separada del Amor por su rebeldía y orgullo.
Son los malos espíritus los que ensucian el alma y el cuerpo, y estas mugres se ven, se expresan y hacen daño a través de malos hábitos, vicios y malas costumbres.
Es así como hacemos todo el mal que no quisiéramos y no podemos hacer todo el bien que deseamos, y por eso los enemigos de Jesús Misericordioso y de Sus hermanos, los hombres, nos quieren convencer que “somos una porquería” a causa de cómo nos comportamos cuando, en realidad, nunca dejamos de ser Su Imagen según Su Semejanza, y por lo tanto, la más hermosa de las creaturas.
Esta separación creció con el tiempo y diluvio mediante, fue necesario establecer un puente entre Dios y los hombres, una Alianza que perdurará hasta la llegada de María y Jesús, que con Sus entregas le muestran el Camino al hombre que se puede volver al Paraíso, y que fue creado para estar en el seno de la Trinidad.
Pero la humanidad, errando el Camino, generó sistemas de gobierno donde observamos la dominación de unos pocos sobre muchos, a causa de que el hombre no se dispone a asumir la misma decisión que su Creador: servir al hombre, a sus hermanos.
El hombre, cuando desobedeció esperaba mantener el control de sí mismo y de la realidad que lo rodeaba al dejar de acatar a Dios, pero fue perdiendo dicha autoridad en la medida que se alejaba de Dios y dejó de escucharlo.
Por eso, el hombre caído, desarrolló en su psiquis durante la historia un yo visual-carnal _distanciado del espíritu_ que es su impotencia encarnada. El cuerpo caído continuamente nos hace reclamos, porque está lleno de pasiones o tendencias que lo inclinan permanente y tercamente al pecado.



[1] ‹La Revelación Suprema de Todo Bien› – Nº 53

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