Carta Fe Política Apostólica ¡Muerte y Resurrección!
MANUAL PRÁCTICO DE CONDUCCIÓN SUPERIOR
Para todos los hombres en esta agonía universal
20º entrega
En el Reino, en la Vida Nueva, la coexistencia requiere estar preparados y para eso, mirar como el Rey Jesús mira es decisivo, sin dejarnos conducir por la carne y la sangre caída que no determina-decide nada. Lo que se hace realidad efectiva es el Amor que dona cada uno por más que los resultados visibles no se produzcan al instante, o en el tiempo que nosotros imaginamos.
Porque aún los resultados inmediatos nunca son a causa de la carne y la sangre caída; siempre se dan de acuerdo a los Designios del Padre-nuestra libertad-nuestra Fe: que se hacen la Voluntad de Dios, según los tiempos que son del Salvador-Su Espíritu Santo, y según Su Conducción Perfecta.
Según también lo que merecemos porque lo necesitamos en verdad, y Él sabe mejor que nadie cuándo.
No existen en realidad las necesidades del cuerpo, todas son del espíritu; la carne y la sangre caída lo único que hace es traducir, la mayoría de las veces mal, a causa del pecado original, estas necesidades.
Por eso, es posible satisfacer las necesidades materiales desde el espíritu, aunque no completamente; pero no hace falta tanto cómo creemos para llegar a hacerlo; ahí es donde se exagera porque queremos.
Actualmente los elegidos (Cf. Mateo 24, 22), un pequeño rebaño, poco a poco en su unión con el Uno van poniendo a punto y en armonía el desfasaje que existe en el espíritu, alma y cuerpo; acortando los tiempos.
Poco a poco vamos llevando ese desfasaje al punto justo, en donde se produce la unión y donde se convierte en un solo Cuerpo, encastrando los cerrojos de los misterios de Dios y del hombre en trabajo armonioso en la puesta en práctica del mismo.
Ésta es la formación y el molde a la Creación perfecta del hombre Divino; Divino por su cercanía con Dios y su perfecta ascensión al Uno, la vuelta al Padre.
Nosotros, Sus fieles Apóstoles, somos las mentes de Su Corazón, la traducción de la Voluntad de Su Corazón, en la cual cada uno la expresa según su espíritu perfecto, tesoro y herramienta de salvación propia y por ende, de muchos. Somos la nueva generación, los últimos patriarcas de la humanidad.
El hombre en su libertad, unido a Dios de manera completa, es decir, reunido todo en el plano material-visible, no elegirá ya volver atrás porque todo lo abarcará. Esto es el Cielo definitivo en la tierra.
Lo que el demonio puede hacer es que esa barrera, que es la carne y la sangre caída dominada por espíritus impuros, sea una limitación que retarde esta traslación, tapándola con los sentidos del cuerpo.
Pero sólo por esta traslación se llega desde el eterno mundo espiritual a lo temporal material visible; así es la unión del cielo con la tierra.
El Golpe Final termina con el predominio de la carne y la sangre caída; y para el que así lo quiera, está sucediendo. Es el Amor de Justicia del Rey el que la rompe, desgarrando el corazón en muchos casos, porque de otra forma, no podrán aceptar Su Misericordia.
Cuando el Rey Cristo Jesús nos invita a aumentar nuestro querer-convicción, en realidad lo que Él hace es llevarnos a una plenitud de uniones de los tres Cielos, esto hace a la alteración de la realidad visible-material para que se concrete este querer; porque así, lo que sucede, es que el querer de cada uno entre en la Eternidad.
Ahora, en estos momentos de la humanidad, todo queda al descubierto. Todo lo que ya sucede hace tiempo se verá totalmente por fin: la cruda realidad. Nadie quedará inmune ante la verdad del mundo, nadie podrá ocultarse; tendrán todos y cada uno que decidir qué hacer con su vida.
Así Dios Padre se asegura que todos y cada uno de Sus hijos, más tarde o más temprano, decidan; entonces así y sólo así, la traslación será masiva y total. A eso vamos.
En estos tiempos difíciles, la pretensiosa y engrupida carne y sangre caída de los hombres, resiste en su obstinación impotente, olvidando y mirando irresponsablemente “para otro lado” ante la terrible realidad que lo rodea y, ¿qué olvida?, olvida la verdad de ellos mismos.
¿Cuál es esa verdad histórica? Su egoísmo, desinterés y negligencia ante los aliados del maligno y frente a la injusticia. Estos fueron y son los frutos amargos de un mal espíritu, el espíritu de Judas, el traidor, que ha ganado a la mayoría de los pudientes y acomodados, los mismos traidores que han sostenido esta falsa democracia criminal, instrumento de la injusticia y tan absolutista como lo son todas las tiranías.
Cuando debemos hacer una elección, y no la hacemos, ¡eso ya es una elección! Pero, ¿de quién? No justamente de Dios-si mismos sino del Enemigo, porque al no decidir los varones completamos la docilidad de las mujeres al Mismísimo; y así el que elige es el maldito. Éste en especial, explota los graves pecados de omisión de hombres Cristo conductores: que es no decidir.
Por eso el tema es la decisión propia. ¡Nada reemplaza a la decisión personal!
Es la decisión del varón primero, ¡siempre! Es la particular decisión del hombre Cristo Arcángel Conductor que amante de la esposa infiel-su pueblo, está dispuesto a morir y dar su vida por Amor; por las esposas infieles a causa de servir inconscientemente a Satán; los pueblos, también.
Pero esa decisión del varón es en soledad.
Es la soledad de Cristo en la Santa Cruz exclamando: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Es esta una decisión primera y exclusiva del varón.
¡Esta la muerte en Roma de los Apóstoles! Pero también, ¡Resurrección!
No es casualidad ni un capricho que las mujeres estén al pie de la cruz, pero no en la cruz, como parece que pretenden los frágiles. Dijimos los varones… podré sin ella, y las dejamos solas sin conducción.
Por eso, ahora debemos reparar… conduciendo, y esa es la decisión primera y la más importante.
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