Carta Fe Política Apostólica ¡Muerte y Resurrección!
MANUAL PRÁCTICO DE CONDUCCIÓN SUPERIOR
Para todos los hombres en esta agonía universal
30º entrega
Para vencer la contradicción en uno mismo, viviendo ahora la alegría del Paraíso terrenal, al Amor no es posible retenerlo porque inmediatamente lo perderíamos.
La inseguridad de la carne y la sangre caída hace creer que si no lo guardamos y lo cuidamos bien, sólo para nosotros, se desvanecería esta alegría y este Amor, cuando es al revés.
El Amor sólo crece y persiste si lo entregamos a todos sin distinción, si luchamos para que todos, empezando por los más cercanos, vivan el Paraíso de Dios que siempre buscó por la fuerza del recuerdo de su corazón-espíritu.
El día glorioso del Juicio Final, también son los mil años de Paz y de Juicio (Apocalipsis 20, 2-7).
La pregunta decisiva es: ¿quién cree y está dispuesto a portar y poner en obras un espíritu nuevo? Vino nuevo en odres nuevos. ¿Qué entendieron los tontos o quisieron entender cuando Jesús dijo esto?
Nos ya les presentamos como ejercicio[1]: Ver, pero no mirar lo que vemos sino lo que Jesús ve y quiere mostrarnos todo el tiempo. Pensar, pero no pensar lo qué y cómo pensamos habitualmente, sino meditar para adoptar Su Pensamiento en todo momento.
En principio sepan que en la medida que comienzan y persisten, más fácil es luego. Es como el comer y el rascar, sólo está en empezar, y animarse.
La razón humana separada de Dios, tiende insistentemente a controlar; ¡Bófense de ella entregándose completamente al Rey Cristo Jesús y a la Reina Madre María!, porque la razón es razón, es decir, razonable, cuando actúa de manera inconsciente primero iluminada por Su Creador por medio de la Fe.[2] Recuerden que de lo sublime a lo ridículo hay un solo paso, y ese paso, es pensar por sí mismos.
La negación de uno mismo, la abnegación, es el mismo acto voluntario y libre de amar. Ésta no se puede relacionar con los hechos o actos, con la opresión o presión de aquello que no quisiéramos dar y sólo se da como el Amor se puede dar. No hay otra alternativa.
Por esto, la condición para morir a la carne y la sangre caída y resucitar cotidianamente es que cada uno niegue que sabe y conoce, esta es la verdadera abnegación.
La abnegación del yo carnal-ego para ser todo Dios y más que nunca uno mismo en el ‹yo espiritual›, por así decirlo. Porque en el espíritu perfectísimo y sapientísimo siempre se es uno mismo y Dios a la vez, algo también inconcebible para la voluntad humana.
Rechazamos demasiado aún Su Amor, porque aún nos creemos, o que no es el momento ni la forma, cómo y cuándo Él nos lo quiere dar, ya sea directamente, a través de la esposa o esposo, de un amigo o de cualquier extraño; ya sea también a través de las cosas y ocasiones.
Olvidamos que los pecados comunes a dos personas, por ejemplo en la pareja varón-mujer, el pecado es el mismo, uno puede llegar a cometerlo en base a una virtud deformada, y el otro a una debilidad, y viceversa.
Cuando existe discordancia, cuando no aparece una voluntad de encuentro en la pareja que conviven y duermen juntos, es porque falta Resucitar en ese momento.
Es decir, cuando no se acepta el gozo del Amor porque falta que el varón contemple y ame a su señora como lo que es: un bien preciado de la caridad de Dios.
¿Cómo hace para contemplarla de esa manera en momentos de intimidad? Se trata de contemplarla así durante todo el día, en una actitud alegre, de agradecimiento al Padre por el regalo que puso al lado de cada uno. Es una actitud de muerte-Resurrección continua.
No persistamos en ponerle límites al Amor que lo es todo.
¡Recibámoslo y donémoslo siempre, así permaneceremos en la cruz, y a su vez, Resucitados!
El Amor lo es todo, no lo olvidemos; y no olvidemos que es bien concreto, no lo rechacemos.
¡Porque lo único que vence es el Amor!
0 comentarios:
Publicar un comentario