Carta Fe Política Apostólica ¡Muerte y Resurrección!
MANUAL PRÁCTICO DE CONDUCCIÓN SUPERIOR
Para todos los hombres en esta agonía universal
17º entrega
La realidad interior o realidad invisible, es un poder que va más allá de los límites de cualquier voluntad y capacidad humana.
La materialización de esa realidad invisible es un trabajo fino de discernimiento a cada momento, porque no es cuestión de querer hacerlo y que ocurra. Es el uso del querer profundo del corazón.
Tengamos en cuenta las verdaderas causas que están en las realidades del espíritu. Lo más importante: no intentemos descubrirlas en la carne y la sangre caída porque no la vamos a encontrar.
El hombre actual es una creatura mal adaptada al universo material-visible, y él mismo se hizo esto debido al abuso de su libre albedrio.
¿Por qué Dios no nos quita esa libertad ya que hacemos tantos embrollos? Porque el Designio del Creador es que el hombre domine la Creación (Génesis 1, 28-30; 2, 15), comenzando por el mismo hombre, cada uno, o sea, que sea efectivamente rey. ¿Por qué debería cambiar ese Designio y Decisión Suya?
Si así fuera, nada importante dependería de las elecciones y decisiones humanas, y elegir-decidir es lo que hacen o deberían hacer, los reyes y gobernantes de la Creación: los hombres.
Dios no se equivoca, es siempre fiel a sí mismo, no se arrepiente de Amar sin límites, no retrocede ni se rinde, y nunca pierde.
¿Es posible que la ciega soberbia humana no termine de aceptar esta verdad irrefutable?
v El insulto a la razón del hombre
Con toda franqueza, las tesis supuestamente ateas y científicas _no confundir con las tesis anti-teas que son simplemente demoníacas, ya que los demonios conocen a Dios_ son en verdad ridículas, irracionales, aún para la estrecha razón humana; mueven seriamente a risa, o sea, a una mueca.
Pasa que han decidido endiosar la estupidez, su ‹no conocer y saber nada›; y se empeñan en rechazar siquiera la posibilidad de que existan las realidades del espíritu, es decir, siguiendo el verdadero método científico, tomar al Creador y a las realidades del espíritu como una hipótesis.
Ciertamente tienen razón quienes afirman que no tenemos derecho a esperar que el universo real deba ser retratable, y que si hacemos cuadros mentales para ilustrar la física cuántica, nos estamos alejando aún más de la realidad, y no acercándonos a ella. Menos aún pretender que las realidades del espíritu sean retratables o incluso encajen en conceptos explicables en términos de nuestro pensamiento abstracto.
Como escribiera un gran poeta que los negadores de Dios pusieron a su servicio en su momento, las “explicaciones científicas” y los no-argumentos “cientificistas” sobre toda la realidad, así como del origen del universo y del hombre: es una historia contada por un idiota sordo y mudo, llena de sonido y de furia.
Son idólatras elementales disfrazados de eruditos racionales, porque no pueden “pensar” seriamente lo que afirman y escriben, lo hacen por intereses espurios o inconfesables; esas afirmaciones suyas son materia de fe, pero de mala fe; son evidentemente falsas. También para ellos la fe es inseparable de la razón; simplemente tienen otra fe, es decir, creen en “cualquier” otra cosa.
Pero el problema no son ellos, unos pocos mercenarios de la “inteligencia”, sino los millones que les ‹dan de comer›, es decir, les quieren creer, porque para creer en semejantes felonías, hay que estar dispuestos, hay que quererlo, y este querer es consecuencia de la apostasía, es la animosidad-aversión de aquel que creía y dejó de creerle a Dios.
Quieren creerles porque sin importarles si es cierto o no lo que dicen, necesitan una seguridad, apoyarse en “algo que ven”, por más que sea estúpido e irracional, para “controlar” su existencia misma.
No quieren “correr el riesgo” de estar en Manos de un Padre Misericordioso y Todopoderoso que da la vida por sus hijos, al que no ven, prefiriendo estar en manos extraviadas de falsos padres de la fe.
¿Cómo se puede pretender que el universo dónde estamos y nos rodea sea obra de la casualidad, de la aleatoria combinación de elementos atómicos, moleculares o químicos?, ¿de dónde salió la primer partícula o átomo?, ¿qué explicaciones son esas?, ¿para qué sirven o cuál es su utilidad?, ¿acaso satisfacen la inquietud del hombre por saber quién es él, de donde viene o cual es su dignidad e importancia?
Ninguna respuesta cuerda, juiciosa entregan esas teorías falsas y erróneas a estas preguntas.
Digámoslo de una vez, basta ya de respetar aquello que para el pensar racional verdadero del hombre, es un insulto justamente a su razón; basta de reverenciar fantasiosas aventuras especulativas cuyo único objeto es negar al Creador a “cualquier precio”, y menos aún, de buscar compatibilizar la Verdad Revelada con razones o argumentos aparentes con que se quiere defender o persuadir lo que es falso, como lo hacen incluso ciertos clérigos.
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