Carta Fe Política Apostólica ¡Muerte y Resurrección!
MANUAL PRÁCTICO DE CONDUCCIÓN SUPERIOR
Para todos los hombres en esta agonía universal
26º entrega
El Adversario alimenta el desaliento, y para eso ceba a cuatro lobos: sentimentalismo, moralismo, determinismo y extremismo, que de continuo atacan al rebaño de Cristo, disfrazados de corderos o de algo natural del hombre que dice ser libre al elegir lo que la carne y la sangre caída le impone.
Los lobos atacan al rebaño del Señor cuando los pastores se distraen y no son firmes en fijarse qué otros intereses desvían a algunos a ser lobos entre ovejas, sus propios hermanos.
Olvidan que en el Corazón del Padre, empleando esa Potencia, podrán corregir, corrigiéndose.
Hay moralismo cuando el hombre se adjudica una falsa autoridad, y éste se afirma en creer que sus palabras valen más que las de Dios, haciéndose ideas propias del deber bien ser y del actuar de el mismo, de los otros, e incluso, el actuar de Dios.
Pero para arrasar con ese instrumento de dominio de los que se creen poderosos: el moralismo, meditemos lo que las Sagradas Escrituras no ocultan ni disimulan, esto es las debilidades, los errores, las miserias, los pecados y los defectos de los personas elegidas que se mencionan en la Biblia, en especial, los más grandes, porque, ¿de qué depende su grandeza o cuál es la verdadera causa de su grandeza?
¡Fácil!, de la Fe, la entrega y la obediencia; de nada más.
Todo lo demás es Gracia-Acción de Dios, y esto está por encima, no sólo de las miserias o defectos de aquellos, sino también de los nuestros; y es más, la Gracia utiliza las miserias y debilidades conduciéndolas, encauzándolas a partir de la docilidad de estos grandes varones y mujeres, hacia la Causa Eterna del Padre.
Es importante destacar que todos los santos instrumentos de la Voluntad de Dios eran-son hombres de su época, personas sencillas que sabían que eran Nada-Todo; este era-es su secreto.
Con el correr de los siglos, han desfigurado Su Palabra no sólo reconvirtiéndola en ley y reduciéndola a un conjunto de valores, como lo era antes de Cristo para los judíos, sino anclando la interpretación de la misma adecuándola a sus mezquinos e inconfesables intereses de cúpula curial, y cosificándola, dando a entender que Dios ya dijo todo lo que tenía que decir, y no puede hablar más.
Es más, en los hechos convierten a Sus Designios en un “programa informático”, concibiéndolo como si fuera una máquina, computadora u ordenador, y no una Persona.
El o los moralismos _porque hay “tradicionalistas” y “progresistas”_ lo que hacen es alterar el espíritu enjuiciando finalmente al Creador. Por todo esto, el moralismo es el lobo más usado por los que creen ser poderosos en este mundo muerto, ya sean políticos o eclesiales, el clericalismo político, porque así encarcelan a las personas o les ponen correas para maniobrarlos y/o explotarlos.
Consecuencia directa del moralismo, es el determinismo que hace de los designios de Dios o de las comunicaciones de Su Voluntad, algo fatalmente determinado para cada uno o para todos los pueblos, como si no fuésemos hijos libres sino marionetas al servicio de un Señor caprichoso.
Un esquema mental que el demonio siembra y alienta, que ha llevado a muchos cristianos sólo de nombre a creer, por ejemplo, que estaba determinado que Judas Iscariote traicionaría a Jesús, negando su libertad y de hecho, concibiendo a Dios como un malvado cruel.
Mientras que en verdad Dios ha querido depender de nosotros, esperando que por nuestro querer, decisión y convicción, nuestra voluntad se una a la Suya, porque entre el Designio Divino y la concretitud de la Voluntad de Dios, la variable siempre es la libertad o libre albedrio del hombre.
El determinismo nos hace esclavos de lo que supuestamente está determinado.
Por eso, si se actúa movido por una determinación, ya no se es libre en verdad, porque se actúa de acuerdo a cómo debería ser según esa determinación.
Seamos libres, la forma y los esquemas son Jesús, el Camino, la Verdad y la Vida, un Misterio que se devela y comprende en el andar y vivir. Seamos libres confiando en Dios, como María. ¡Imitémosla en todo!
El sentimentalismo, funciona como un placebo o aspirina para calmar el dolor inevitable de la vida que sólo se calma aparente o momentáneamente, ya que el problema continúa, negando de esta manera el Poder del Amor Todopoderoso del Padre, Su Gracia-Acción, y prefiriendo no vivir el Amor-Dolor que implica el ejercicio de la libertad responsable, único camino a Dios-Amor.
Cuando los sentimientos provienen del cerebro y no son dominados y regulados desde el corazónàespíritu, tienden a hacerse absolutos y contradecir la conciencia trascendente; y se convierten en la violación del Amor, cuando reemplaza el lugar relevante del Espíritu y el corazón.
Esto es el sentimentalismo: la concretitud de los vicios y contracara del AmoràDios.
De esta forma, nos impide estar dispuestos al sacrificio y al dolor. Por ejemplo, cuando los padres, por su egoísmo, se niegan a corregir a sus hijos, si es necesario castigándolos físicamente, por no soportar su propio dolor sin importarles la formación y educación de sus hijos.
El sentimentalismo desde pequeños lo recibimos como si fuera Amor, cuando es totalmente lo contrario. Nos lleva a fijarnos siempre en las formas, porque se cree que eso es el Amor.
Tenemos que practicar viviendo el único Amor, que es la verdad que sale de cada corazón, cueste lo que cueste, y eso duele, necesariamente.
El sentimentalismo es bondad mentirosa, porque cuando se cree que el sentimentalismo es el Amor, la bondad no es bondad. Bondad es el Amor que va de Dios hacia aquel que Él se lo quiere dar, pasando a través o a pesar de una persona, y eso si depende de la libre voluntad de la misma.
El sentimentalismo espera y se fija en los efectos y secuelas, se alimenta de los resultados visibles cuando estos son la única finalidad y meta. Entonces se actúa de acuerdo al resultado visible que esperamos para satisfacer la carne y la sangre caída; no por Amor verdadero.
El Amor todo lo contrario, se da-recibe simplemente; esa es su esencia.
El hombre caído dentro de su idea de lo que es razón _arma letal al servicio de Dios o exterminio de la Creación al servicio de la vanidad_ no comprende el sentido del Amor-Dolor. Este es olor a muerte para este tipo de hombre, porque es ir en contra de un supuesto “ellos mismos”, cosa imposible dentro de su pobre idea de libertad o libertinaje.
El extremismo es lo que altera la unión con el Padre, Jesús y María-Espíritu Santo; y en el hombre mismo, la unidad de espíritu-alma-cuerpo, porque es fruto de la exageración de la voluntad humana adquirida en el pecado original-originante.
El pensar, deliberación interior y deducciones se hace excesivo, extremadas las conclusiones, intensa la espera de resultados de las propias acciones-hacer humano, exagerados las metas y objetivos.
¡Enorme, desmesurada, gigantesca y sobrada confianza en las “capacidades” humanas!
El extremismo exagera, haciendo creer que podemos solos o bien, que todo lo hace Dios, y así se convierte en magia: una espera pasiva olvidando la ineludible combinación del trabajo conjunto de Dios y en el hombre, su trabajo de Fe.
En cualquier situación, el extremismo funciona como la contracara de la templanza, del equilibrio; hace perder la serenidad y la atención, la concentración; como quien camina sobre un alambre a cierta altura, constantemente a punto de caerse hacia un lado y hacia el otro.
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