ESCUDO PAPAL

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El Papado Gobernante encabeza el Colegio de los Apóstoles de los últimos tiempos que asumen unidos, SER el Señor y Maestro Jesucristo, servidores a la única Iglesia que Él mismo fundó, su conducción: el Imperio del Sagrado Corazón de Cristo Rey.

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viernes, 23 de diciembre de 2011

* Muerte, ¿dónde está tu triunfo?

Carta Fe Política Apostólica ¡Muerte y Resurrección!
MANUAL PRÁCTICO DE CONDUCCIÓN SUPERIOR
Para todos los hombres en esta agonía universal29º entrega
La muerte del cuerpo tan temida y esperada angustiosamente, en especial, cuando de hecho no creemos en la Vida Eterna, es el momento en que el espíritu-alma del hombre se separa del cuerpo y éste entra en el descanso. ¿Qué descanso?
El descanso del combate fatal que por décadas un adulto ha sostenido con la carne y la sangre caída y de las fatigas del trabajo realizado en el cumplimiento de su misión durante su existencia terrenal.
Existe una certeza oscura en los creyentes que no ha sido suficientemente iluminada por el “oficialismo religioso católico” ¿En qué consiste el descanso de los cuerpos hasta el Juicio Final?
Los cuerpos descansan cuando las almas son separadas de él; con el tiempo, éste se corrompe siguiendo su proceso connatural a causa de la caída. El cuerpo que deja de funcionar en el Primer Cielo de la Forma, en general,[1] se descompone hasta desintegrarse parcial o totalmente.
Pero con la muerte lo único que ocurre es un cambio de estado del alma.
Según la gobiernen uno o más espíritus impuros o no, la muerte corporal lo encontrará en el estado del Purgatorio, del Infierno o el de la Salvación: el estado de los Cielos junto a Dios.
Cuando muere el cuerpo psicofísico, creemos y también aspiramos que nuestros seres queridos _porque según nuestro “juicio” lo consideramos una “buena persona” y tendemos a formalizar, resumir y sentenciar en Nombre de Dios_ que su alma-ser, decimos: llegue al Cielo.
Pero serán y son bienaventuradas las almas cuando previo arrepentimiento sincero de todas y cada una de sus faltas a Dios-sí mismo en la tierra, desaparecen en ellas las suciedades, sus manchas.
Durante la existencia o mejor dicho, durante la co-existencia con los demás hermanos, las almas son abrumadas por la mugre del pecado, y ésta es la inmundicia que en el Purgatorio se elimina para volver el alma limpia al seno del Padre, donde nuevamente está en condiciones de dar Amor, y así renacen las almas en el Purgatorio.
Es Verdad Revelada que creando en cada hombre, y en consecuencia, recreando las condiciones generales para mantener unidos lo espiritual y lo material en el Cielo de la Forma, la Obra Redentora queda hecha, y será fácil para aquellos que mueran a la carne y la sangre caída entrando al Reino de los Cielos en la tierra, sanar las heridas dejadas por el maligno y Resucitar.
Es en los Tres Cielos la libertad responsable la prueba de la fidelidad y la oportunidad de volver a la obediencia, a la Casa del Padre, siempre y para todos.


[1] Decimos así, porque de hecho hay santos y beatos que ya fallecidos, mantienen aquí en la tierra sus cuerpos incorruptibles.

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