Carta Fe Política Apostólica ¡Muerte y Resurrección!
MANUAL PRÁCTICO DE CONDUCCIÓN SUPERIOR
Para todos los hombres en esta agonía universal
27º entrega
Al respecto ya sentenciamos cuando se manifiesta la tercera rana: Judas, el traidor; mal espíritu más fuerte que es un engendro de Gog y Magog que encarna la rebeldía en su estado más puro.[1]
El nombre de Judas Iscariote es sinónimo de traidor; es el prototipo del traidor total. Este prototipo de carácter y temperamento humano _y por eso fue elegido como Apóstol del Señor_ rompió la unidad del Colegio Apostólico; y este propósito sigue siendo el suyo desde la eternidad.
Judas Iscariote es prototipo del carácter y temperamento humano de la fidelidad a Dios-sí mismo, y en su opuesto, es la traición, es decir, en manos de Gog y Magog.
Sin embargo, él no era en un principio, un disidente propiamente dicho, su deseo no era el de romper la unidad ni arruinar a Jesús y a los doce. Es importante esto ya que por esta razón él no quiso desapegarse de su idea propia, porque su espíritu era-es la fidelidad; pero lo encausó mal.
La conversión y liberación del espíritu hoy maldito de Judas Iscariote, es signo de la vuelta de todos a la Casa de Nuestro Padre, la vuelta a la dependencia y fidelidad a Dios-sí mismo.
Simplemente Judas era, y es todavía, algo clásico: aquel que insiste en llevar a la práctica su propio plan, en este caso, para Jesús y los demás seguidores de Él; plan en el que él, por supuesto, desempeña un papel importante y auto satisfactorio. ¿Resulta conocido este síntoma? No hay grupo o agrupación humana donde este mal espíritu, la conducta y los comportamientos correspondientes, no estén presentes en más de uno.
Son los que se dicen a sí mismos: soy mejor que los otros, y finalmente creen estar por encima de los demás. Empapados de una falsa humildad y buenas intenciones, como sentir compasión hacia ellos, se alejan de sus hermanos para estar solos, eso sí, sintiéndose diferentes. A la vez se creen los más sufridos, los más sacrificados, se auto consuelan y auto compadecen exacerbando su arrogancia.
Al mismo tiempo, entonces como ahora, este mal espíritu representa otro clásico de la actividad político-social: la “negociación decente”. Judas, el traidor quiso reconciliar a Jesús con sus enemigos, como base para que se lograran los propósitos de todos, y terminó entregándolo para que lo mataran. Por eso, cuando esto ocurrió, no soportó el fracaso de su plan, y se suicida, pero sin arrepentirse.
Nos les transmitimos algo muy importante que nos ha sido revelado: el mal espíritu de Judas son los impulsos naturales del cuerpo: la carne y la sangre caída, llevados a su máxima expresión.
Éstos fermentan en situaciones de conflicto y de tensión, y así se forma el mal espíritu de Judas en el interior de los seres humanos.
Pero es un mal espíritu independiente del demonio porque lo que hizo que se convierta en un mal espíritu fue el Amor, y no la envidia o el rechazo del Amor como ocurre con los demonios.
Como fue en el caso de aquel Judas, las ideas y los planes propios y la búsqueda de la negociación están impulsados por “buenas intenciones”, inobjetables para la conciencia recortada del afectado.
Por eso, es muy difícil _imposible sin la asistencia del espíritu nuevo que permite la intervención directa del Altísimo, y la ayuda de los hermanos de la Comunidad_ reconocer la presencia de este mal espíritu en sí mismo, en cada uno, y combatirlo. Es que ese mal espíritu se mimetiza como el camaleón; se esconde en las aspiraciones, deseos e impulsos de la carne y la sangre caída.
En esta situación general totalmente nueva porque jamás se vivió algo así, este pobre mal espíritu tiene un problema grave: sus argumentos son siempre los mismos aunque se expresen por distintas bocas; son estúpidos, sin sentido lógico, y hasta propio de idiotas.
Pero cuando es descubierto, todavía el mal espíritu de Judas puede provocar la condena y la auto condena, porque juega con el falso moralismo. Hace creer a cada uno que es un débil, que no puede librarse de sus comodidades, de sus sentimientos, y de sus pensamientos. Todo eso lo lleva al infectado a no querer expresar su ser porque cree que no debe, porque no es correcto. Todo esto lleva a la persona a pensar que lo único de bueno que tiene es su amor por uno o más prójimos, general y especialmente, familiares.
Esto Judas lo tergiversa y lo emplea para que su víctima se encierre más en su vida, porque éste cree que si sacrifica sus afectos y amores humanos, sería su traición definitiva a Jesús. De esta forma, se opone él y su víctima al sacrificio santo en todas sus formas.
Judas todo lo exagera, miente, engaña, procede siempre mal y confunde. Basta ver como una persona de pronto altera sus “códigos” y modifica sus conductas y comportamientos habituales, para poder detectar la presencia del mal espíritu de Judas en él; incluso antes que hable exponiendo sus conocidos y gastados inargumentos o “razones”.
Es característico que el afectado se convierta en víctima de su “propio” mal proceder, actuando incluso en contra de sus intereses personales; pero de esta forma, se delata a sí mismo el mal espíritu de Judas.
Siempre buscará que toleremos la confusión para que se propague; también fomenta nuestros miedos para hacernos dudar de la eficacia del Amor Todopoderoso, y en especial, del Amor-Perdón.
Ahora y siempre Judas odia a Pedro, el príncipe de los Apóstoles porque hoy él lo está derrotando de nuevo predicando que se ama más al prójimo y a la humanidad cuando se vive el sacrificio santo de la carne y la sangre caída al aceptar las condiciones, los dolores y rechazos, las persecuciones del peregrinar y el participar de la Obra Redentora de Dios.
Porque al aceptar al Amor: María-Jesús, el Uno, obedeciéndolos por un Amor de entrega y sin esperar nada a cambio, por querer lo mismo y rechazar lo mismo, amamos a todos nuestros hermanos, conocidos y desconocidos, “buenos y malos”, indigentes y ricos famosos o “poderosos”.
Nuestras miserias en el cuerpo nos acercan a los demás hermanos de cualquier condición, nos hace iguales, mientras nuestros espíritus nuevos hacen la diferencia; la establece, pero se trata de una diferencia que sólo se justifica y pueden tolerar los demás en la medida que se ponga al servicio de todos.
En el caso de los hombres-Cristo: los Apóstoles, esta diferencia es mayor, es nada menos que la diferencia entre ‹la esencia de la perfección› y la condición humana de la naturaleza caída en cada uno, y por eso, en ellos lo anterior es así o es nada, o aún peor, es semejante a la traición de Judas.
Este mal espíritu es vencido solamente por el Amor que es Dios en cada uno y en todo un pueblo. Empleando la Potencia del Amor de Dios Padre, Dios Amor en el hombre: ¡Joaquín!
Es el querer que está en cada corazón humano y permite ser instrumento siendo eterno como el espíritu lo es; ejerciendo el Imperio del Sagrado Corazón de Jesús y Su Espíritu sobre la carne y la sangre caída.
Esto es el amor humano elevado a esferas más profundas que se ejecuta cuando, sin repugnancia y sin odio, ahogamos a la carne y la sangre caída sin darle tregua, con más y más Amor.
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