ESCUDO PAPAL

ESCUDO PAPAL
El Papado Gobernante encabeza el Colegio de los Apóstoles de los últimos tiempos que asumen unidos, SER el Señor y Maestro Jesucristo, servidores a la única Iglesia que Él mismo fundó, su conducción: el Imperio del Sagrado Corazón de Cristo Rey.

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viernes, 30 de diciembre de 2011

* Una Nueva Conducción II

Carta Fe Política Apostólica ¡Muerte y Resurrección!
MANUAL PRÁCTICO DE CONDUCCIÓN SUPERIOR
Para todos los hombres en esta agonía universal
34º entrega – Una nueva conducción, parte 2

La Guerra de Amor del Padre es Su Plan Redentor de todos Sus hijos, que busca siempre en la historia el regreso de los mismos: ‹el hijo pródigo› a Su Casa, aniquilando a un tiempo la dureza del corazón del ‹hijo mayor›; y es una guerra porque, como las guerras humanas, tiene como meta para lograr ese objetivo, eliminar, devorar, hacer desaparecer la rebeldía y desamor de la carne y la sangre caída de Sus hijos por haberse separado de Él y pretender ser autosuficientes, independizados del Amor de su Creador.
Teniendo en cuenta todo esto, podemos ver y mirar la historia sagrada y profana, que es una sola bajo su Suprema Conducción, notando que Sus Acciones son de raíz y en Sus formas muy diversas a las humanas, en especial, con respecto a los dispositivos de guerra y su dinámica, que en lugar de la confrontación-contradicción-oposición, arrolla con Su Amor; único Principio actuante en la historia, digan lo que digan y piensen los hombres, sobre todo, los “eruditos”.
Pero como en este Principio está incluida en lugar preferencial en Su Corazón la libertad de Sus creaturas, Él abarca y emplea las trifulcas entre los hombres.
Por eso el dispositivo de Guerra del Creador es una Danza, un gran cortejo de Amor sin límites a Su Novia-Creación rebelde e infiel; con majestuosas escenas llenas de poesía, música, baile y canto en ritos, ceremoniales de las nupcias y bodas con Su Esposa: todos los pueblos que Ama, a los que envuelve y abraza eternamente, guía y conduce, pase lo que pase, hagan lo que hagan.
El Rey Cristo Jesús es el único gobernante completamente justo y sabio en toda la historia y en toda la tierra; el único a quien cada súbdito puede recurrir directamente sin intermediarios, aunque con absoluta certeza, si recurrimos a Él apelando a la intercesión de María, Su Madre Santísima. Su eficacia es total.
Es el único gobernante o soberano que nos escucha, sabe de nuestras necesidades y nos recibe a cualquier hora y en cualquier lugar. Su misteriosa y múltiple Presencia lo permite, y estamos en Su Presencia sea por medio de la oración-diálogo personal, o por visiones y locuciones interiores y/o a través de Mensajes de los profetas, en el Sagrario, en la Eucaristía, y toda vez y lugar donde dos o tres se reúnan en Su Nombre.
Su perfecta Conducción se produce por dos vías o caminos: uno personal, directo y generalmente invisible, y el otro, dependiente del primer camino, a través de varones y mujeres de Dios visibles y físicamente concretos: los discípulos, Sus elegidos instrumentos humanos.
El primer camino o vía es la garantía del segundo; pero éste, el visible, completa el primero.
Mientras que la devoción personal puede caer en… o reducirse al individualismo, por medio de la participación en Su Reino, Su Conducción es social, Fideipolítica, cubriendo todas las necesidades del hombre. Al mismo tiempo, Su Papa conduce-gobierna junto con Sus amigos, los demás Apóstoles de los últimos tiempos, porque el Rey Cristo Jesús lo hace en ellos.
De esta forma, se abre una brecha en la historia de la conducción y el gobierno de los pueblos.
Lo que cambia son el encuadre y la perspectiva de Su Conducción, la cual debe pensarse en directa relación con su desarrollo para toda la Patria y el resto de los pueblos y naciones del mundo.
Escribimos antes, que la realización de los Designios proféticos del Padre depende del Trabajo de Fe y de cómo ejercemos nuestro libre albedrío.
Sólo de esta forma, la Voluntad de Dios se cumple _se hace realidad efectiva_ según los tiempos que son del Salvador-Su Espíritu Santo, y según Su Conducción Perfecta.
Es el espíritu quien conduce, quien enciende y lleva el alma quien comanda, y ésta lleva al cuerpo. Sólo debemos dejarlo ser a él; soltarnos completamente poniendo el cuerpo en Sus Manos.
El alma está destinada a ser conducida por el espíritu que Dios le dio y para amar dando los dones que tiene a todos. En la medida que el alma decide cada vez más dejarse conducir por el espíritu, el cuerpo podrá ir resucitando y glorificándose, siendo cada vez más semejante a Jesús y a María, en cuerpo, alma y espíritu.
Por ejemplo, cuando en la unión varón-mujer, cada cual ocupa su lugar y realiza la función-misión que Dios les dio: si el varón carga su cruz y conduce, según la Semejanza con Cristo, la mujer acompaña siendo Imagen como María, a semejanza Suya. Las dos creaturas, por la actividad específica de cada uno son, en su unidad, Imagen y Semejanza de Dios.[1]
En el alma, la Doctrina es-está en el Corazón Inmaculado de María presente en el espíritu, y el hombre libre delibera por medio de la Teoríaàcontemplación; enumera y clasifica sus problemas-debilidades-necesidades, formula las soluciones, y se decide a ejecutarlas. Puede hacerlo en común-unión con sus prójimos y hermanos o no, pero la diferencia es sustancial.
El Rey Cristo Jesús ya está aquí y se edifica en esta Nación Su Iglesia, la Casa del Padre, Su Reino, que fue confiado al Gobierno del Rey Cristo Jesús, y nos invita a todos a ponernos bajo el mando de Aquel que se presenta de una forma nueva, que hasta ahora no había empleado.
Él es invisible para la mayoría de las gentes porque quiere motivarlas en el crecimiento de la Fe por sobre todo, pero se presenta en Sus Apóstoles y en los discípulos y discípulas visibles, delegando en ellos Su función Gobernante, para hacer más evidente la eficacia de Su Gracia en la historia de los hombres, aún para los que no creen en Él o lo rechazan.
El Reino de Dios en la tierra es una realidad en marcha en este suelo bendito, elegido y santo: ¡La Santa y Nueva Argentina!
El Señor ha reunido en esta tierra a Su Colegio Apostólico encabezado por quien posee el espíritu eterno de san Pedro: Su Papa Pedro Segundo unido a su esposa María Liliana, la madre de Joaquín.
Si vamos aprehendiendo que la Conducción es Amor, resumamos lo que hemos revelado en Nuestra Carta Fe Apostólica anterior: los Arcángeles, son el poder de reunión de lo disperso hacia y para el Todo, que es el Padre Creator.
La Sabiduría de Dios hace realidad el Ser-Conducción de cada Arcángel-Dios Espíritu Santo en unión inseparable con María Amitiel.[2]
Es verdad revelada que Nuestro Padre encarnó ángeles muchas veces en la historia, y que éstos son Sus Mensajeros por medio de los cuales Él Gobierna el Universo.
Cuando están encarnados, los Arcángeles o Serafines son-están en las almas que Dios-el Uno envía con una misión especial a realizar en su existencia terrenal; en general, son conductores.[3]
La encarnación de Arcángeles conductores en este momento culmine de la historia se concretiza en lo visual-carnal-histórico en varones y mujeres, sencillos pecadores que se dejan modelar.
El Padre ha insuflado en ellos Su Santo Espíritu, iniciando la Tercera Creación con las parejas-columna de los Apóstoles de los últimos tiempos: fuentes de Su Amor para el mundo, con sus hijos de la Generación Divino-humana.[4]
Participan, son parte constituyente del Mando Superior Trinitario, en tanto ángeles invisibles, y a la vez, son hombres-Cristo conductores visibles unidos a sus esposas mujeres-María, y por eso, responsables de la traslación a lo visible de lo invisible-eterno porque se les ha confiado la misión de crear en la tierra-el Cielo de la Forma, las condiciones generales para unir y mantener unido, lo espiritual y lo material.[5]
El trabajo de los Arcángeles conductores-esposos es para ver-apreciar, y sobre todo ser el primer ‹envase› en donde el Amor se pueda volcar para sentirse varón y mujer plenos en su esencia y así, al recibir-vivir ese Amor sean colmados, y en ese ser plenos, las esposas ven-viven que el Amor que ellas dan-reciben, fructificó en vida-plenitud-gozo de Dios e impulsó a sus esposos.[6]
El varón conduce-gobierna en lo visible, en la medida que se hace cargo de su cruz como hombre-Cristo, cuando el Santo Espíritu lo hace en y a través de él; porque el Espíritu, Su soplo, Sus Dones-pedidos-sugerencias del Amor vienen de su esposa mujer-María. Él, el Eterno Esposo prefiere siempre actuar unido a la Santísima Virgen María.[7]
Los Arcángeles Conductores son el Imperio de hombres libres, que luchan y se entregan por el Amor,[8] y su tarea esencial es conducir-guiar la verdadera libertad de los hombres dependientes del Padre, según la matriz o cauce de Su Plan.[9]
En todo reino están los que conducen y los que son conducidos, ¡siempre!
Sea porque aceptamos la Dependencia de Dios-Amor y ejercemos nuestra libertad con responsabilidad, sea porque creemos ser “libres” porque suponemos que no dependemos de nadie.
En el Reino de Dios, todos tenemos-tendremos una responsabilidad mayor: cada uno conducirse y gobernarse a sí mismos _siendo reyes de la Creación_ y en esta medida, a los ‹nuestros›; pero siempre aceptando y amando la conducción de los elegidos por Dios Amor para esa tarea-carga comunitaria de conducción.[10]
El reinado-gobierno-conducción de nosotros mismos y de la familia, para Dios, incluye el gobierno de la Comunidad, de la propia Patria y del mundo. ¡Así es Su Gobierno del mundo!
No es la suma del poder público en una sola persona, como el mundo lo entiende, sino la toma del poder de cada uno y todos los hijos del Padre, conducidos sí por una persona, siempre, es inevitable.
En tal caso, esta persona conductora, lo que hace es conducir la libertad de cada uno.
Esto es regir o reinar, y por eso, todos estamos destinados a ser reyes y reinas. ¡Así le hablamos al pueblo del Señor, directamente como a reyes libres que son o deberían ser!


[1] ‹La Revelación Suprema de Todo Bien› – Nº 41
[2] ‹La Revelación Suprema de Todo Bien› – Nº 32
[3] ‹La Revelación Suprema de Todo Bien› – Nº 34
[4] ‹La Revelación Suprema de Todo Bien› – Nº 46
[5] ‹La Revelación Suprema de Todo Bien› – Nº 52
[6] ‹La Revelación Suprema de Todo Bien› – Nº 39
[7] ‹La Revelación Suprema de Todo Bien› – Nº 44
[8] ‹La Revelación Suprema de Todo Bien› – Nº 50, 51
[9] ‹La Revelación Suprema de Todo Bien› – Nº 53
[10] ‹La Revelación Suprema de Todo Bien› – Nº 52

jueves, 29 de diciembre de 2011

* Una Nueva Conducción


Carta Fe Política Apostólica ¡Muerte y Resurrección!
MANUAL PRÁCTICO DE CONDUCCIÓN SUPERIOR
Para todos los hombres en esta agonía universal
33º entrega – parte 1

La entrada en el Reino siempre es muerte y Resurrección, más allá de los momentos y formas de realización que tiene este proceso-reconstrucción del hombre; porque no es un solo acto sino muchos, sean visibles y/o invisibles, en un paso a paso en el tiempo, incluso diario o cotidiano.
Primero, en los Arcángeles conductores y sus esposas, además de los conducidos.
Por lo tanto, va de suyo el combate fatal consigo mismo de cada uno que así lo quiera para alcanzar la mayor victoria a la que se pueda aspirar: ¡La victoria del espíritu sobre la propia carne y sangre caída!
Les venimos mostrando las herramientas, las armas del Amor con las que podemos contar para vencer a nuestros enemigos amando más y más; y ahora llega el turno de revelarles las dos condiciones que unidas, son fundamentales, forzosas y precisas: la Conducción y vivir en común-la Común Unidad, sea para dar este combate fatal cómo para vivir la Resurrección-el Reino de los Cielos en la tierra.
Comencemos por la Conducción. ¿Qué es? Guía, dirección, administración, reinado, gobierno, mando.
Es el Espíritu Santo el Corazón del Padre, el Espíritu de Dios quien conduce el Alma del Padre, y quien conduce la Carne del Padre: Su Hijo y sus hijos (Cf. Juan 14, 23).
El Espíritu de Dios es el que Conduce Todo porque Es la Voluntad del Padre, y el Verbo Es la libertad del hombre; y en su cuerpo físico, Es el Espíritu Santo, cuando se hace Templo de Dios.
¡El cuerpo físico visual del hombre, tan atacado, vituperado, rebajado y despreciado! ¿Qué es el cuerpo físico del hombre en verdad? Es Templo del Espíritu Santo sí, pero, ¿qué es él?
Es el resumen del Amor Todopoderoso Creador del Padre, resumen de todas las gracias y bienes: las del cielo y las de la tierra. Y lo es para ser digno de llamarse: ¡Trono de Dios, del Santo Espíritu Eterno!
Es lo más bello de lo Bello, y claro que no es menos por ser visible; es más, su poquedad, simpleza y perfección es digno de admiración por parte de todos los santos y ángeles, ¡por la misma Virgen Santísima!, ¡por el mismo Padre Creador! Es lo más bello que tiene Dios-el Espíritu; y porque Él lo conduce, merece tan grande elogio. ¡Por la Resurrección el cuerpo vuelve a ser en el Reino, lo que en verdad es!
El tema central que buscamos contemplar consiste en ver-apreciar y comprender el estilo del Rey Cristo Jesús en el arte de conducir.
Continuaremos con la semblanza del origen, la génesis de la Conducción, pero antes Nos queremos echar luz sobre una cuestión básica de nuestra Fe.
Las religiones, en general, son caminos para buscar a Dios sobre la base de ideas propias, se podría decir, y todas, contaminadas por el árbol de la presunción, pretenden hacernos saber a los humanos qué está bien y qué está mal según la idea que cada una tiene de Dios.
Como las diversas filosofías y sus escuelas, se dedican más bien a definir valores en contraposición a los antivalores, una ética y una moral, antes que a promover su fe o creencia particular.
De esta forma, con el trasfondo del dualismo, como las demás iglesias e iglesiolas, también la Fe verdadera ha caído en excesos moralistas, poniendo el énfasis en los valores cristianos y descuidando el suscitar la Fe en la relación personal de cada fiel, y de todos, con un Dios Vivo, Presente y Actuante.
Por eso, para la Fe encarnada, en dicha relación personal surge desde el corazón-espíritu, la aceptación de Su Conducción porque, ¿cómo podríamos tratarnos con el Altísimo sin contemplarlo, adorarlo y obedecerlo como al Rey Universal que es?
Claro, la carne y la sangre caída puede, y de hecho ocurre con muchísimos de sincera religiosidad donde fríamente predominan las razones del cerebro sobre su corazón. Creen conocer a Dios, tienen una idea de Dios, pero en realidad no conocen Su Verdadero Rostro.
Sin vivir, experimentar Su Conducción, no Lo podemos conocer.
A Su Conducción queda sometida toda ética y moral como veremos porque, sin conducción, los valores sólo tienen el sentido de la vanidad, de la vana gloria humana.
Desde lo profundo interior hacia lo exterior contemplamos en el ser trinitario del hombre completo, al espíritu o Tercer Cielo, es lo que está destinado a poseer a Dios para servirlo, sirviendo al hombre.
El Espíritu Santo es-está en cada espíritu encarnado. Es el principio generador-conductor, el carácter y temperamento íntimo, nuestra esencia y sustancia, fuente de nuestro vigor o fuerza y virtud o vicio, que alienta y fortifica o ensucia y desalienta el alma y el cuerpo del hombre para obrar correcta o incorrectamente, aunque en verdad, es amando más o amando menos. ¡Amar o no amar es la opción![1]
La historia nunca fue la lucha entre buenos y malos o lucha de clases ni entre razas, etc. Esta dolorosa experiencia humana aparente es obra del diablo y sus aliados en todas las épocas que sembraron ese sentimiento, que si bien se apoya en la aversión y rechazo del hombre a toda dominación y despotismo, arrasan con la Autoridad y el Poder que el Padre ha delegado en todos Sus hijos, los hombres.
Por eso la carne y la sangre caída, se aferra sin fundamento a la ilusión de ser libre, rechazando toda conducción, empezando por la de Dios; confunde Autoridad con autoritarismo, y a este, con poder.
Niegan así el carácter servicial de la Autoridad, sea para ejercerla o para acatarla.
Conducción es todo acto de Amor y es servicio de Amor.[2] (Cf. Mateo 20, 20-28)
En verdad la historia es el relato de cómo el Señor vino llevando a todos Sus hijos pródigos, guiándolos y conduciéndolos a partir del ejercicio de la plena libertad de los mismos hacia el Paraíso Celestial en la tierra nuevamente por un camino santo: el de la conducción de los pueblos.
Para el pensar humano, tanto la guerra como la política, es una confrontación y lucha de dos fuerzas opuestas que desemboca en el dominio y sometimiento de una fuerza sobre la otra, o el exterminio-aniquilamiento de uno de los contendientes sea por desaparición física o la absorción por parte del triunfador; y en este sentido, se ha dicho y escrito que la política es la continuidad de la guerra por otros medios.
Pero para el Pensamiento de Dios esto no es así porque en Su Guerra de Amor “contra” la rebeldía de sus hijos, las luchas entre Sus hijos no son más que reyertas entre hermanos, que a veces, como buen Padre ha permitido, para no cercenar la libertad de los mismos por una parte, y por otra parte, en su ejercicio, forjarlos y formarlos en su verdadera dignidad, sea permitiendo la continuidad de sus coexistencias terrenales o retirándolos de la misma.
Esto se puede aceptar comprender sólo en el contexto y perspectiva de la Eternidad, de la Vida Eterna. La muerte física y la desaparición de los cuerpos del orden visual, es sólo un paso necesario a la Salvación de las almas que nos conduce a la Resurrección de esos mismos cuerpos.
Por eso, sin negar el inevitable dolor y sufrimiento que producen la guerra, sea militar, política o incluso social y cultural, no tiene en Su-Nuestra Concepción ni en el campo de la Fe verdadera, el carácter final y trágico que le adjudican los paganos y los sentimentalismos morales de la humanidad caída.


[1] ‹La Revelación Suprema de Todo Bien› – Nº 14
[2] ‹La Revelación Suprema de Todo Bien› – Nº 50, 59

miércoles, 28 de diciembre de 2011

EL PAPA DE JESÚS PEDRO SEGUNDO: * La Misa Fideipolítica

EL PAPA DE JESÚS PEDRO SEGUNDO: * La Misa Fideipolítica: Carta Fe Política Apostólica ¡Muerte y Resurrección! MANUAL PRÁCTICO DE CONDUCCIÓN SUPERIOR Para todos los hombres en esta agonía univer...

* La Misa Fideipolítica

Carta Fe Política Apostólica ¡Muerte y Resurrección!
MANUAL PRÁCTICO DE CONDUCCIÓN SUPERIOR
Para todos los hombres en esta agonía universal
32º entrega

El combate fatal es a muerte, cuerpo contra cuerpo, alma contra alma, espíritu contra espíritu, pero si no fuese así, ¿de qué manera se forjarían hombres de semejante cuño?
La primer arma, y decisiva que el Uno nos ofrece a todos los pecadores y santos es la Nueva Eucaristía que comemos y bebemos en la Misa Fideipolítica, donde recibimos el Pan de Vida y Vino Nuevo que nos prometió Jesús en la Última Cena: ‹Les aseguro que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre› (Mateo 26, 29).
¡Esta es la hora, el momento en que esta Palabra se ha cumplido!
En esta nueva Misa celebramos y honramos a la primera redentora: María de Nazaret.
La primera en donar toda su carne y sangre para que se encarnara el Verbo de Dios en su seno, brindándonos tan grande Salvador a la humanidad de todos los tiempos.
Le estaba vedado al hombre el acceso al Árbol de la Vida, hasta que éste: María-Amitiel se encarnara y coronara como Reina y Señora de toda la Creación; para que ahora sí, todos sus hijos puedan comer del Árbol de la Vida y ser en Jesús-la Vida-la Creación.
Para volver la Creación al seno de la Trinidad, al Edén, hay que comer del Árbol de la Vida.
Con María, está libre el acceso al Árbol de la Vida que es Ella.
Además honramos a la Patria como lo que es, un regalo del Padre para que la cuidemos y sea, con nosotros, libre de toda dominación, injusticia y desamor.
No resistiríamos este combate fatal y por eso continuo; pero es el mismo Jesús Presente en nuestro corazón, cuando lo hemos aceptado comulgando Su Eucaristía, quien resiste y decide en cada uno.
Para eso impartimos la Misa Fideipolítica viviendo ya Su Reino en la tierra, y damos a Jesús-Eucarístico a todos, sin distinción o condición; en realidad una sola: dejarse amar por Él, aceptar Su Amor.
Siguiendo lo que Él mismo hizo en la Última Cena con todos los que estaban sentados en Su mesa, no le ponemos límites ni condiciones a los pecadores que quieran recibir la Eucaristía, comulgando para unirse a Su Rey Cristo Jesús, el Salvador.
¡A nadie se excluye del encuentro con el Hijo de la Virgen María en la Eucaristía!
En verdad, la Eucaristía es para todos como Jesús lo quiso siempre, hasta para los Judas de hoy, y para que se cumplan en todos y en cada persona Sus Designios.
Este Pan y este Vino son nuevos porque son transustanciados, junto con la de Jesucristo, la carne y la sangre caída de Sus doce Apóstoles y de todos los santos y mártires de todos los tiempos que se entregaron a Él y con Él.
También llenan esa Copa, el cáliz en cada celebración, las miserias, las heridas, los intereses y todo aquello que sobra y estorba en el alma de los fieles que participan, que así lo quieren y lo sienten.
Ocurre entonces la Pasión de cada uno, de su cuerpo que muere con el Señor Jesús; la carne y la sangre caída que muere para dar lugar a un espíritu nuevo.
Esto se hace concreto durante toda la Misa Fideipolítica en la medida que aceptamos y creemos que allí Jesucristo nos exorciza y libera de los malos espíritus o costumbres que nos esclavizan.
Es la recompensa aquí para todos los santos servidores que llenen Su Cáliz con la sangre de su carne y con el valor de su espíritu. La recompensa es el Reino de los Cielos en la tierra.
Esta es una de las grandes diferencias e innovaciones de la Iglesia de Jesús con respecto al mundo y sus actuales prácticas gastadas.
Por eso en la Misa Fideipolítica rezamos al consagrar las ofrendas del pan y el vino,…y te rogamos que agregues nuestra carne y sangre que te entregamos en testimonio de nuestra impotencia y total dependencia de Ti; y luego, en la oración para después de la comunión, pedimos… ayúdanos a vencer nuestra carne y sangre porque sin Ti nada podemos, para poder vivir como dignos hijos tuyos…
«¡Cuánto Me apremia encender en otros este deseo de llenar el cáliz con la muerte de la carne, para después beberlo, y ser parte del Padre en su amor ilimitado de oblación total!» _dice el Señor.
Ser parte del Padre en Su Amor ilimitado de oblación total es el deseo que el Señor quiere despertar en todos sus hijos, porque ya está en cada corazón el Corazón del Padre, aunque la gran mayoría no lo sabe.
Si somos conscientes que somos seres espirituales, con y en el Espíritu combatamos los procederes de la carne y la sangre caída. Es fatal luchar contra ella sin darle tregua, pero sin asco ni odios propios de un falso misticismo (Cf. Colosenses 4, 1-2).
Se trata de obedecer a la Reina Madre María y a Su Hijo en cosas que nos parecerán locuras, que contradicen nuestros esquemas mentales; y esto causará la muerte de la carne y la sangre caída y así podremos entregar, junto con la Eucaristía, nuestro cuerpo y sangre a los demás, acompañándolo a Jesucristo en Su Sacrificio único y supremo. La Misa es muerte-Resurrección.
Nos enseña Jesús: «Cuando Yo acepté y bebí el Cáliz, no lo hice por cumplir, lo hice por Amor a ustedes. Sólo amando iba a cumplir con lo que el Padre Me pedía.»
Ese es el camino hacia una disciplina del corazón necesaria para cumplir con la misión de salvarnos, salvando a la Patria y al mundo por Amor y no por cumplir. Esta disciplina hay que ganarla venciéndonos con la fuerza del Espíritu que Jesús Eucarístico nos da.
De esta forma, la obediencia apoyada en la Fe, se transforma en entrega de uno mismo por el bien común.
Aunque obedecer no es la palabra adecuada para los tiempos que corren, sino conocernos y reconocernos en Jesús; es decir, no es estrictamente obediencia a algo o alguien exterior, sino reflejo en Él de lo que está en nuestro corazón: el Corazón del Padre.

martes, 27 de diciembre de 2011

EL PAPA DE JESÚS PEDRO SEGUNDO: * ¡Bienaventurados los perseguidos a causa de la J...

EL PAPA DE JESÚS PEDRO SEGUNDO: * ¡Bienaventurados los perseguidos a causa de la J...: Carta Fe Política Apostólica ¡Muerte y Resurrección! MANUAL PRÁCTICO DE CONDUCCIÓN SUPERIOR Para todos los hombres en esta agonía universa...

* ¡Bienaventurados los perseguidos a causa de la Justicia; por hacer la Voluntad de Dios!

Carta Fe Política Apostólica ¡Muerte y Resurrección!
MANUAL PRÁCTICO DE CONDUCCIÓN SUPERIOR
Para todos los hombres en esta agonía universal
31º entrega

El Amor es una Fuerza que trabaja sobre el mundo muerto; actúa formalmente visible y mucho más sin formas, invisible y en el interior del hombre; en especial, es la potencia del Amor-Perdón.
Cada acción del Amor provoca la reacción de la carne y la sangre caída y de los espíritus impuros reunidos en la misma, con una fuerza igual y opuesta. Dicha reacción es la cruda verdad, de cada uno, de todos.
Gracias a esta fuerza-reacción de la tonta infame y traidora podemos conocer verdades desagradables, hasta espantosas en nosotros y en los demás, y luego amarlas; porque con el Amor-Perdón se purificarán y encauzarán a Dios.
Es que en esa misma reacción salen a la luz malas costumbres, inconductas, antivalores, etc., abriendo el telón de la simulación _¡y eso es muy bueno!_ y en éstas podremos reconocer a Gog-Magog, a Judas, a todos los demonios del infierno y al mismísimo Satán; podremos separarnos-diferenciarnos de ellos.
Esa reacción es la persecución, única respuesta general que se puede esperar de la rebeldía por la rebeldía misma, el desamor que caracteriza a estos tiempos finales, como ya vimos.
El resultado de ambas fuerzas aplicadas a la realidad total se parece a…, es como una fuerza de torque o momento torsor que mueve al conjunto: a todos, a la muerte-Resurrección, es decir, genera el movimiento de regreso de todos a la Casa del Padre o al Paraíso.[1] Lo quieran o no, lo merezcan o no.
Como está escrito: Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Los duros de corazón, los orgullosos sólo tienen esa única guía: el Rey Cristo Jesús, para confundir, desviar, mentir y engañar, también.
En la misma medida del acercamiento de todos los hijos de la luz a la Casa del Padre a partir de unos pocos elegidos _la aplicación de la Fuerza del Amor_ los maléficos y resentidos sólo pueden seguir el mismo Camino, que es Cristo, para acercarse más a quienes pretenden anularnos; y buscan matar.
Entonces inexorable y fatalmente, de la forma que describimos, entrarán empujados por las muchedumbres junto a los hijos redimidos a la Casa del Padre.[2]
La “distancia-separación” entre “ambas” fuerzas, está condicionada por la diversidad y cantidad de debilidades-miserias que la Fuerza y el Poder el Amor abarca cuando ama más y más, superando los “límites” de lo amable-agradable hasta alcanzar el infierno de lo malo-lo feo-desagradable.
Es decir, la potencia y esta torsión que hace real o realiza la Obra de Redención es según el radio (distancia) que utilicemos en el espacio. Que le demos a ese momento torsor.
Es inútil querer ponerle límite a algo que es Fuerza en sí misma: el Amor. Hablamos, para mejor comprensión, de dos fuerzas, pero en realidad es una sola porque la segunda es sólo reflejo del Amor.
Por eso, la Salvación no necesita de otra fuerza de empuje, sino de una fusión para mayor potencia y un adecuarse de quien o quienes la reciben.
Cuando el Amor propone con fuerza, avanza, se aproxima y el otro, rechaza o ataca, en realidad contraataca al Amor por miedo en su deformación utilizada por los espíritus impuros-Satán presentes en él; el Amor Perdón se impondrá en la medida que salgan a la luz esos malos espíritus.
El engaño, la impostura o el error se hacen evidentes para ambos, también para quien rechaza descubriendo que eso, no es el querer de su corazón-espíritu. Esto es el adecuarse; muerte también.
Esto ocurre más tarde o más temprano, depende de la persistencia en la prédica, firmeza en la Verdad que libera de quien encarna al Amor. Es el Amor fuerza de torque o momento torsor que dijimos.
Su fuerza-potencia está si quien encarna el Amor es el primero en reconocer y mostrar-entregar sus miserias al otro-prójimo en ese mismo contacto o encuentros que viven. Porque, ya lo dijimos: nada atrae más que el otro vea-sienta que lo que le pasa a él le pasa también al varón o mujer de Dios.
La fusión es amalgama, acople interior en quien la pone en práctica, es cópula entre el Amor y sus-todas las miserias-debilidades, y de esa unión surge la energía vital que se da; que es Amor-Caridad.
De esta forma se produce esa fusión que se manifiesta en estas mismas acciones generando así la Política Celestial que une los corazones al poner las voluntades en paralelo en dirección a las mismas metas y objetivos del bien común.
El Colegio Apostólico produjo esta fuerza de torque desde su constitución en este Cielo de la Forma, pero se vino dando-trasladando a lo visible muy lentamente por el peso de las propias miserias no reconocidas-confesadas y entregadas a Dios Padre y a la Comunidad. Por animarnos poco a amar más.
Las miserias comunes a todos no estaban adaptadas a la Fuerza con que se empujaba semejante pesadumbre, porque justamente no se debía tratar de llevarlas, sino purificarlas y fusionarlas con dicha fuerza de torque o el momento torsor: el Amor.
Es Nuestra misión, para guiarlos-llevarlos a todos nuestros hermanos, primero deben estar livianas las ‹partes-todo› de la Conducción en una armonía de espíritu-alma-cuerpo, y no en perfección, porque la armonía es el juego de la Gracia.
Pasa que la idea de perfección humana es vanidosa y mezquina; mientras que la Gracia, la Fuerza del Poder del Amor, no necesita perfeccionarse porque ya es perfecta y sabia.
Es esta fusión con las miserias de toda la humanidad la que logra una mayor fuerza de torsión, el momento explosivo donde se produce el rendimiento del movimiento de los corazones.
Uno aquí, si se quiere, puede medir el rendimiento personal, si obtiene un 20, un 40 o un 80 porciento.
Pero lo que importa es el rendimiento global-geofideipolítico en la unión Espíritu-Colegio, ya que encontrando la potencia y el torque necesario para que salga rápidamente _en los tres días_ la Fuerza y el Poder necesarios que luego, con la Doctrina y meta: el Golpe Final y Nuevo Amanecer, nos dé a todos dirección y la llegada a la Casa del Padre-el Jardín del Edén.
Esta es la clave del magnífico y perfecto Plan del Padre.
Sólo desde esta, Su Concepción que está por encima de cualquier concepción, podemos comprender-aceptar-vivir la necesidad ineludible de la muerte-Resurrección.
Por el contrario, ¿qué piensa-siente y puede esperar el resto sobreviviente de la carne y la sangre caída?
No entra en la mente reiteradamente violada por el sentimentalismo, que el Amor sea una fuerza, por el contrario, tiende a creer que es debilidad. No cree que el Amor no tenga límites, que sea capaz de amar lo “imperdonable” según su idea; y de nuevo, cree que perdonar es ser débil.
Los creyentes de sincera religiosidad, pero infectados por estas teorías erróneas, piensan que el Amor es, ¡“mágico”!, que los demás tienen o deben aceptar antes o después; y que hay todavía tiempo para esperar su conversión. Para ellos la conversión no tiene plazos.
Por eso no admiten la persecución, ni la negación cerrada, ni las actitudes combativas anti-teas como connaturales y constitutivas de la humanidad caída; sólo condenan la persecución con exceso de moral.
En concreto, no aceptan que la persecución sea una Bienaventuranza como enseña el Maestro (Cfr. Mat 5, 10-13).
Horrorizados por la realidad-única verdad que no pueden evitar percibir, no se animan a mostrarse tal cual son terminando con la hipocresía, viéndose cual miserables necesitados somos todos.
Pero la Verdad, que todavía pretenden retener como prisionera, se está imponiendo dolorosamente uniéndose al Amor.
Aún creyendo que es ahora el fin de los tiempos, la Segunda Venida de Jesús, con ingenuidad muchos fieles esperan que sea una mayoría de la humanidad _los “buenos”_ los que impongan sus valores sobre los “malos”: rebeldes e impíos.
Es la lógica caduca de la contradicción donde siempre debe haber vencedores y vencidos.
En conclusión, es la fuerza de torque o momento torsor: el Amor lo que provoca la reacción de la persecución, la más grande negación de Dios, atrayendo el Amor-Dolor y el sacrificio santo de los elegidos.
Pero esa es la ruina-salida a la luz del Diablo y sus aliados. ¡Que gloria!, ¡qué placer! ¡Satán-Luzbel vuelve a la Casa del Padre y con él Resucita toda la carne y la sangre caída!


[1] Este movimiento está ligado al sentido de rotación del par de fuerzas, que conocemos como la “regla del sacacorchos”
[2] ‹La Revelación Suprema de Todo Bien› – Nº 26

lunes, 26 de diciembre de 2011

* Las armas y herramientas para vencer a nuestros enemigos amando más y más

Carta Fe Política Apostólica ¡Muerte y Resurrección!
MANUAL PRÁCTICO DE CONDUCCIÓN SUPERIOR
Para todos los hombres en esta agonía universal
30º entrega

Para vencer la contradicción en uno mismo, viviendo ahora la alegría del Paraíso terrenal, al Amor no es posible retenerlo porque inmediatamente lo perderíamos.
La inseguridad de la carne y la sangre caída hace creer que si no lo guardamos y lo cuidamos bien, sólo para nosotros, se desvanecería esta alegría y este Amor, cuando es al revés.
El Amor sólo crece y persiste si lo entregamos a todos sin distinción, si luchamos para que todos, empezando por los más cercanos, vivan el Paraíso de Dios que siempre buscó por la fuerza del recuerdo de su corazón-espíritu.
El día glorioso del Juicio Final, también son los mil años de Paz y de Juicio (Apocalipsis 20, 2-7).
La pregunta decisiva es: ¿quién cree y está dispuesto a portar y poner en obras un espíritu nuevo? Vino nuevo en odres nuevos. ¿Qué entendieron los tontos o quisieron entender cuando Jesús dijo esto?
Nos ya les presentamos como ejercicio[1]: Ver, pero no mirar lo que vemos sino lo que Jesús ve y quiere mostrarnos todo el tiempo. Pensar, pero no pensar lo qué y cómo pensamos habitualmente, sino meditar para adoptar Su Pensamiento en todo momento.
En principio sepan que en la medida que comienzan y persisten, más fácil es luego. Es como el comer y el rascar, sólo está en empezar, y animarse.
La razón humana separada de Dios, tiende insistentemente a controlar; ¡Bófense de ella entregándose completamente al Rey Cristo Jesús y a la Reina Madre María!, porque la razón es razón, es decir, razonable, cuando actúa de manera inconsciente primero iluminada por Su Creador por medio de la Fe.[2] Recuerden que de lo sublime a lo ridículo hay un solo paso, y ese paso, es pensar por sí mismos.
La negación de uno mismo, la abnegación, es el mismo acto voluntario y libre de amar. Ésta no se puede relacionar con los hechos o actos, con la opresión o presión de aquello que no quisiéramos dar y sólo se da como el Amor se puede dar. No hay otra alternativa.
Por esto, la condición para morir a la carne y la sangre caída y resucitar cotidianamente es que cada uno niegue que sabe y conoce, esta es la verdadera abnegación.
La abnegación del yo carnal-ego para ser todo Dios y más que nunca uno mismo en el ‹yo espiritual›, por así decirlo. Porque en el espíritu perfectísimo y sapientísimo siempre se es uno mismo y Dios a la vez, algo también inconcebible para la voluntad humana.
Rechazamos demasiado aún Su Amor, porque aún nos creemos, o que no es el momento ni la forma, cómo y cuándo Él nos lo quiere dar, ya sea directamente, a través de la esposa o esposo, de un amigo o de cualquier extraño; ya sea también a través de las cosas y ocasiones.
Olvidamos que los pecados comunes a dos personas, por ejemplo en la pareja varón-mujer, el pecado es el mismo, uno puede llegar a cometerlo en base a una virtud deformada, y el otro a una debilidad, y viceversa.
Cuando existe discordancia, cuando no aparece una voluntad de encuentro en la pareja que conviven y duermen juntos, es porque falta Resucitar en ese momento.
Es decir, cuando no se acepta el gozo del Amor porque falta que el varón contemple y ame a su señora como lo que es: un bien preciado de la caridad de Dios.
¿Cómo hace para contemplarla de esa manera en momentos de intimidad? Se trata de contemplarla así durante todo el día, en una actitud alegre, de agradecimiento al Padre por el regalo que puso al lado de cada uno. Es una actitud de muerte-Resurrección continua.
No persistamos en ponerle límites al Amor que lo es todo.
¡Recibámoslo y donémoslo siempre, así permaneceremos en la cruz, y a su vez, Resucitados!
El Amor lo es todo, no lo olvidemos; y no olvidemos que es bien concreto, no lo rechacemos.
¡Porque lo único que vence es el Amor!



[1] ‹La Revelación Suprema de Todo Bien› – Nº 55
[2] ‹La Revelación Suprema de Todo Bien› – Nº 54

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