ESCUDO PAPAL

ESCUDO PAPAL
El Papado Gobernante encabeza el Colegio de los Apóstoles de los últimos tiempos que asumen unidos, SER el Señor y Maestro Jesucristo, servidores a la única Iglesia que Él mismo fundó, su conducción: el Imperio del Sagrado Corazón de Cristo Rey.

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lunes, 9 de enero de 2012

* El Gran Hacedor: Nuestro Abogado Defensor Paráclito-Consolador

Carta Fe Política Apostólica ¡Muerte y Resurrección!
MANUAL PRÁCTICO DE CONDUCCIÓN SUPERIOR
Para todos los hombres en esta agonía universal
40º entrega

En aquel tiempo, era un Pequeño Rebaño ­_según la tradición ciento veinte discípulos y discípulas_ que esperaban reunidos en oración junto a María, la Madre del Señor, la prometida Venida de Su Esposo, el Paráclito, el Espíritu Santo, durante nueve días.
Por esa extraordinaria efusión del Espíritu de Amor, aquel primer Pequeño Rebaño Resucitó ¡Nuevamente resucitó Cristo, pero esta vez en los hombres y mujeres de Dios! Resucitó esa extensión, por así decirlo, del Cuerpo del Salvador, Su Cuerpo Místico.
Este es el acontecimiento que en un sentido, marca el nacimiento de la Iglesia de Jesús: Pentecostés, cincuenta días después de la Resurrección de Jesús de Nazaret, nueve días después de Su Ascensión al Padre; una novena. En ese mismo momento y a partir de allí, el rebaño crece mucho (Hechos 2, 1-41).
Ahora, dos mil años después, se actualiza aquel asombro referido en este capítulo del Libro de los Hechos (Cap. 2, vs 8, 12 y 13): ‹… ¿cómo es posible que estos… digan y hagan estas cosas?›, porque el asombro es el mismo aunque las palabras de las gentes sean otras y actuales.
Los “cristianos contemporáneos” _aunque no los pueblos_ han olvidado nada menos que al Gran Hacedor Santificador, precisamente en el Cielo de la Forma ¡Pero lo tendrán que recordar!
Nos lo hacemos presente predicándoles que es por el Espíritu Santo que el Hijo está en el Padre y el Padre está en el Hijo. Es por el Señor y dador de Vida que sus fieles están en Jesús, son Jesús, porque Jesús está en sus fieles; por lo tanto, que el Padre está en nosotros y nosotros estamos en el Padre.
Por el Espíritu Santo el Padre crea y recrea en la tierra y en el Cielo porque lo único que crea es el Amor Todopoderoso del Padre y el Hijo, es decir Él.
Este Espíritu Consolador es el dueño del tiempo porque está por encima de él.
Por Él, lo más Bello que tiene Dios, se hace visible la Voluntad del Padre y, justamente por el Espíritu de Dios, somos Su expresión visible, Su Cuerpo: la Iglesia de Jesús.
El Hombre-Dios: el Hijo del Padre hecho hombre, es lo más hermoso que Él creó. Lo creó porque al encarnarse el Verbo increado de Dios, se materializó en el Cielo de la Forma a partir del Sí de la Mujer: María, la Virgen, justamente por obra y gracia del Espíritu Santo; y ésta fue la Segunda Creación.
Jesucristo fue dotado de hermosura y enarbolado en ella. Él es Aquel Nuevo Ser grandioso, el Nuevo Adán con un conjunto de cualidades que lo hacen excelente, verdadero hombre despejado, apacible y sereno; dotado de la proporción noble y perfecta de la parte en el todo.
El Espíritu de Dios es el que tiene y da Belleza, es la Bondad y la Excelencia de Dios; lo Bueno, Excelente que hace que lo amemos, infundiendo en nosotros deleite espiritual.
Para que lo comprendamos, ¿cómo se engendra continuamente este Santo Espíritu de Dios, la Tercera Persona de la Trinidad? La engendra el Amor Mutuo entre Padre e Hijo, por eso decimos que el Espíritu procede del Padre y del Hijo.
Se parece a ese ‹entre› que se produce y atrapa entre sí a dos enamorados cuando se miran a los ojos uno al otro, pendientes uno del otro, de cada gesto, palabra, sonrisa o llanto. ¿Acaso no han vivido alguna vez ese estado de estar enamorados que los eleva hasta sentir cómo una tercera presencia invisible?
Bueno, esto en el hombre suele durar poco tiempo, pero imaginemos este ‹Entre› Celestial eternamente, sin interrupción, y veremos la Santísima Trinidad.
Aquel que peca contra el Espíritu Santo intenta o quiere inútilmente separar al Padre del Hijo, al Padre de sus hijos. Es aquel que rechaza el Amor de Dios; que se suicida en el alma, y así se condena a sí mismo. Sin embargo, a todo hijo de Dios que se descarría en el camino, el Espíritu Santo sale inmediatamente a encarrilarlo, esto es, sale a buscar su arrepentimiento.
El que recibe el Perdón se une de vuelta al Padre y recibe Su Espíritu en su corazón.
El que no recibe el Perdón, rechaza al Espíritu Santo y se condena.
Es necesario que contemplemos cómo es-se comete este pecado en la vida cotidiana de cualquier hombre o mujer.
Por ejemplo, ocurre esta negación del Amor-rechazo del Santo Espíritu en una pareja varón-mujer cuando uno de los dos o ambos rechazan el sincero amor de una esposa o de un esposo, de un amigo o amiga, porque se rechaza el Amor del Santo Espíritu, y esto es condena de sí mismo, por lo menos hasta que recapaciten, se arrepientan y se amen más.
Es el Espíritu Santo en cada varón que así lo acepta-decide y Lo deja actuar en él, quien cubre con su sombra a cada mujer María para cada milagro-entrada de la Eternidad en el Tiempo; y este acto principal, tiene su mayor relevancia e importancia en la concepción de un hijo a Imagen y Semejanza de la Inmaculada Concepción de Su Hijo Jesús.
Así fue-es con la concepción de Joaquín y de cada niño de la Generación Divino-humana, y queremos que sean más y más conscientes de esto para ser más y más responsables, y así se pueda ir trasladando más y más a este Cielo de la Forma.
Déjense amar más y más por el Santo Espíritu de Dios quien se los da preferentemente y predilectamente a través de la esposa que le regaló a cada uno, así como es; ¡Disfrútenla!
Cada espíritu único de una pareja varón-mujer es una particularidad del Espíritu Santo, y Su Acción se manifiesta en los dones que el Uno les otorga.
Cuando se separa una pareja, y deciden que la carne y la sangre caída niegue el espíritu único en ambos, llegan a contradecir por completo el Don que el Espíritu Santo les otorgó.
Toda negación cerrada y a priori de una teofanía o epifanía, es decir, manifestaciones de la Divinidad de Dios y las revelaciones y apariciones celestiales _en especial, por parte de sacerdotes y personas consagradas_ termina en un rechazo-pecado contra el Espíritu Santo.
Nos referimos a milagros como imágenes sagradas de las que emanan sangre o lágrimas, hostias sagradas que muestran visualmente la Santa Carne y Sangre de Jesucristo Eucaristía. Curaciones “inexplicables”, en especial, de graves enfermedades, sanaciones psicofísicas por expulsión de demonios y de malos espíritus, imposición de manos, sueños, locuciones y visiones interiores, y otras experiencias habituales de las gentes.
Negar estas experiencias y vivencias, son también rechazo-pecado contra el Espíritu Santo, porque es Él, específicamente, el Autor responsable de estos Bienes de Dios.
Cuando alguien dice ‹no puedo perdonar›, y lo que es mucho peor: ‹no me puedo perdonar tal cosa›, es aún más grave el rechazo-pecado al Amor que es Dios, por la soberbia y la ignorancia que motiva tales conductas que pretenden que sea la inicua voluntad humana: la carne y la sangre caída, la que ame y perdone por sí misma, según “reglas” y preceptos escritos, y la mayoría, no escritos.
La Revelación sobre el Espíritu Santo del Uno la encontramos en nuestro corazón, contemplando Su Acción en el Amor que hay en la pareja de novios o de esposos.
Es que ésta es el Resplandor del Amor: del Corazón del Padre y del Hijo. A Sus hijas amadas, Sus mujeres, les dice María Esposa del Espíritu Santo y Reina de la Felicidad:
«A esta clase de felicidad están invitadas, no la rechacen. El miedo se supera buscando esto mismo en sus corazones y la recompensa será mucha y buena, como sólo Dios puede dárselas, una felicidad a la altura del Cielo, sin techo, ni fin.»

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