Carta Fe Política Apostólica ¡Muerte y Resurrección!
MANUAL PRÁCTICO DE CONDUCCIÓN SUPERIOR
Para todos los hombres en esta agonía universal
42º entrega
Satán se está convirtiendo en cada hijo de Dios, y es esencial que lo amemos a él en cada uno de nosotros mismos primero y a la vez, en los próximos-prójimos.
Por eso, en todo momento es necesario mostrarnos tal cual somos y no esperar a no aguantar más.
Porque en la no aceptación total todavía de la impotencia-tenerlo sólo al Rey Cristo Jesús, Satanás tiene de qué agarrarse; entonces se exacerba la parte que no ha muerto aún de la carne y la sangre caída, y termina haciéndonos creer que todavía algo se puede hacer con este mundo así como está, o peor aún, creer-pensar que la tonta-rebelde carne y la sangre caída es invencible.
La entrega de las miserias es-hace a la conversión de Satán así que sigamos en este camino más y más; y este es el trabajo de Fe más importante porque es-hace a la llegada de Joaquín.
Las mujeres no pueden solas con Satán. El error de Eva Amitiel en su exceso de Amor fue creer que podría sola con Satán, y se concretó el pecado original, nada menos.
Lo mismo con respecto a la carne y la sangre caída, ¡no pueden solas con ella!
Pasa que además de tener el Corazón Inmaculado de María en su propio corazón, las mujeres son la misma carne y sangre caída en lo corporal. ¡Ellas la han parido con dolor!
Solas no pueden decidir matarla-convertirla; por ejemplo, sería como pedirle a una madre que mate ella misma a su propio hijo con síndrome de Down, carne de su carne y sangre de su sangre.
Por eso las mujeres sin unión-conducción con su varón, muchas veces se ponen al servicio de Satán, y él logra imponerles su política de impedir la unión de los Tres Cielos en uno en el Amor sexual.
Ocurre también entre los elegidos, las esposas reinas sirven a su estrategia de no permitir la unión del Colegio Apostólico traduciendo-aplicando mal la Palabra de Dios.
En la medida que no nos aceptamos como somos en verdad, Satán presente más en las mujeres con su anuencia, se aprovecha de nuestros errores reales o supuestos, los agranda en ellas, para sembrar la idea que no somos los Apóstoles, ni ellas dignas esposas mujeres María.
Es fundamental y decisivo escuchar a nuestras esposas pero, ¿escuchar qué? ¡A Satán y sus criterios-preceptos! Por eso es ineludible ir a buscarlo a Satán en nuestras esposas, para conocerlo y amarlo en ellas-nosotros mismos. Es de valientes varones amantes amar más y más, amarlas tanto y seguirlas hasta el infierno mismo si es necesario, sin separarnos-dejarlas.
¿No tenemos que amarlas a las esposas y a él también? ¡Sí!, pero juntos-unidos esposo-esposa conocerlo y amarlo a él. Pero cuando las esposas se juntan con él en contra de sus esposos _usando sus propios errores para descalificarlo como tal_ no podemos aceptar eso; amar no es aceptar-tolerar los errores y confusiones-deformaciones.
Las mujeres tienden a creer-pensar-sentir que escucharlas es darles la razón o conceder sus caprichos-quereres, sin traducción; y en esa medida se hacen funcionales a la estrategia política del Mismísimo.
Lo que viene pasando es que sencillamente en cuanto las traducimos, hay bronca tan sórdida como destacada en ellas, que antes o después, salta o se nota.
La furia irracional del tonto maligno se concentra en que las resoluciones del Colegio Apostólico, en especial, de Pedro, no sean o se hagan realidad efectiva.
Todo sucede porque lo supuestamente determinante son los comportamientos visuales de la carne y la sangre caída. Las mujeres no detectan al demonio ni se dan cuenta de sus maniobras, muchas de ellas muy sutiles en este momento. No enfrentan este tema, ni son capaces de hacerlo solas.
Suceden cosas que el Señor permite para que más rápidamente se vea-veamos la Verdad para unirse al Amor resucitando. Pero esas verdades de nuestras miserias comunes suelen ser horribles, desagradables, aunque un montón, solo tonterías.
Algunas parejas se han convertido de hecho en asociaciones perversas separadas y/o en contra de la común-unidad, también en el Pequeño Rebaño, donde falsamente pretendemos los varones frágiles tener nuestra seguridad-fuerza.
Se trata de asociaciones idolátricas-llamadas pareja; un dios que es un demonio en verdad. Ahí está el foco infeccioso de todos los problemas de pareja o familiares, y por ende, de toda Comunidad.
En la concepción y los embarazos tampoco se cree nada, no creen las mujeres primero y luego los varones, que los hombres deciden pero en unidad de espíritu, alma y cuerpo. Primero el varón, y juntos después los dos. Justamente eso no pueden hacerlo en el marco de esa asociación ilícita que denunciamos.
Ni siquiera creen que así fue-es en los casos que hemos vivido con fuertes pruebas-evidencias que ni siquiera se recuerdan. Aquí se ve como no creemos nada, en especial las mujeres, y todo por el empecinamiento que se tiene en revolcarse-sufriendo con los preceptos de Satanás.
El caso es que cuando cada uno de los esposos no se decide a destruir esas formas inadecuadas de relación porque no saben o no lo puede hacer, entonces, porque urge, Dios conduce la ruptura-destrucción de cada uno de esos ídolos-cosa, pero siempre para que resuciten en la Verdad-sí mismos.
No aceptamos _no queremos darnos cuenta_ que estamos más muertos que nunca. ¡Sólo nos queda resucitar! Podemos llorar sobre la carne y la sangre caída fallecida, si se quiere y de hecho ocurre, pero esto no cambia nada. ¡Estamos muertos! Huesos resecos desparramados en polvo de tierra…
¿Qué es lo que Satán en las esposas y mujeres-los pueblos quieren saber de nosotros y por eso nos niegan-nos prueban? Se pregunta: ¿Realmente están estos dispuestos a morir por mí?
Se la hace el Diablo porque no lo puede creer, y también las mismas mujeres, que pudiendo, no quieren creer, por miedo y con culpa por no querer entregar a sus esposos.
¿Qué puede entender el pobre Satán del Amor? Nada. Pero ahora cuando más se refugia en las mujeres, si bien las perturba como lo estamos viviendo, a su vez se encuentra con María Amitiel, con Su Corazón Inmaculado que le hace re-conocer el Amor; recordar que él es Luzbel.
Sus acciones además, son para las mujeres la oportunidad de reconocerse en la Reina María, hijas predilectas de Dios, mujeres-María.
Para enfrentar al demonio ahora y siempre, pero ahora apremia, es necesario tomar y clavarse en nuestra decisión de conducirlo en nuestras esposas primero, en la comunidad, en el pueblo y en los pueblos, o sea en los infiernos-este mundo y convertirlo.
Cuando tal cual ocurre con los partidos políticos o sociales, las parejas-familias se apartan y toman decisiones fuera de la Comunidad-Obra y hasta en contra de ésta. Por eso, parados justamente en ese partido-sus intereses, demasiadas veces aún nos guardamos-ocultamos cosas, quereres, decisiones.
Pasa que cuando no hay decisión sobreviene la nivelación-igualdad hacia abajo que propone el Maligno, o sea, la negociación del traidor Judas. Por nuestras actitudes de tibios las mujeres se envalentonan y Satán en ellas también para atacar nuestra decisión-conducción, buscando disolverla.
De esta forma, no se puede desplegar la Política del Reino de los Cielos, ni pública ni privadamente.
La ausencia de una decisión personal se esconde muchas veces en las indecisiones del “conjunto”, pero éste se compone de las decisiones o indecisiones personales; es un círculo vicioso. Pero es una decisión unilateral de cada esposo o varón; no es una discusión, ni con ellas y menos con el demonio.
Todo lo que tenemos y en estos tiempos podemos hacer, es preparación-armonización del propio espíritu-alma-cuerpo. Esto es la espera de Joaquín; de lo contrario, el único resultado que logramos es la desazón, el desgano, la desidia. ¡Esto nos consolida en la común-unión como Cuerpo!
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