Carta Fe Política Apostólica ¡Muerte y Resurrección!
MANUAL PRÁCTICO DE CONDUCCIÓN SUPERIOR
Para todos los hombres en esta agonía universal
39º entrega
La mano del Señor se posó sobre mí, y el Señor me llevó en espíritu, dejándome en un valle todo lleno de huesos. Me hizo pasarles revista: eran muchísimos los que había en la cuenca del valle; estaban resecos.
Entonces me dijo: -Hijo de hombre, ¿podrán revivir estos huesos? Contesté: -Tú lo sabes Señor. Me ordenó: -Profetiza así sobre esos huesos: Huesos secos, escuchen la Palabra del Señor. Esto dice el Señor a esos huesos: Yo les voy a infundir espíritu para que revivan. Les injertaré tendones, les haré crecer carne; tensaré sobre ustedes la piel y les infundiré espíritu para que revivan. Así sabrán que Yo soy el Señor.
Pronuncié la profecía que se me había mandado, y mientras la pronunciaba, resonó un trueno, luego hubo un terremoto y los huesos se juntaron, hueso con hueso. Vi que habían prendido en ellos los tendones, que brotaba la carne y tenían la piel tensa; pero no había espíritu en ellos.
Entonces me dijo: -Llama al Espíritu, llama Hijo de hombre, diciéndole al Espíritu: Esto dice el Señor: Ven, Espíritu, desde los cuatro vientos y sopla en estos cadáveres para que revivan.
Pronuncié el llamado que se me había mandado. Penetró en ellos el Espíritu, revivieron y se pusieron en pie: era una muchedumbre inmensa.
Entonces me dijo: -Hijo de hombre, esos huesos son toda la casa de Israel. Ahí los tienes diciendo: Nuestros huesos están secos, nuestra esperanza se ha desvanecido; estamos perdidos. Por eso profetiza diciéndoles: Esto dice el Señor: Yo voy a abrir sus sepulcros, los voy a sacar de sus sepulcros, pueblo mío, y los voy a llevar a la tierra de Israel. Sabrán que Yo Soy el Señor, cuando abra sus sepulcros, cuando los saque de sus sepulcros, pueblo mío. Infundiré mi Espíritu en ustedes para que revivan, los estableceré en su tierra y sabrán que Yo, el Señor, lo digo y lo hago –oráculo del Señor- Profecía de Ezequiel, 37, 1-14
Así será-es _como nos ha prometido_ la Resurrección de los cuerpos o de la carne y la sangre caída; por eso los fieles creyentes así lo rezamos en el Credo.
Es necesario que profundicemos en este misterio para saber qué podemos esperar al respecto, y concretamente, que formas de ejecución tendrá nuestra felicidad plena.
Porque morir a la carne y la sangre caída para ‹nacer de nuevo› desde el Espíritu, no quiere decir que sea ineludible que se separen el alma del cuerpo, es decir, que el cuerpo deje de funcionar y su alma se separe de él, como predica el “oficialismo religioso católico”. Para Resucitar en verdad es necesario primero morir pero, insistimos, ¿se trata de morir sólo cuando se separan cuerpo y alma? ¡No!
Pero se puede y es ineludible hacerlo en esta situación de impotencia actual, morir a la carne y la sangre caída, tan débil frente a Gog y Magog, Judas y el demonio. ¿Por qué tenemos miedo a morir?, ¿no creemos en la Resurrección?, ¿acaso el Padre, Nuestro Padre no nos puede resucitar?
Si no esperáramos la Resurrección de los cuerpos, ¿qué sentido tendría morir a la carne y la sangre caída?; y aún más, ¿con qué animo y entusiasmo espiritual nos enfrentaríamos a nosotros mismos en tan fatigoso combate, sino paladeamos ya el Triunfo que es la Resurrección que nos consiguió Nuestro Gran Salvador? Él nos dijo y nos muestra desde hace mucho tiempo que nuestro premio es la Resurrección.
Así es y seguirá siendo.
¡Basta! Terminemos con las especulaciones, porque no tenemos los creyentes ninguna otra seguridad de lo que va a pasarnos. Si no, ¿qué sentido tiene o tendría nuestra Fe?
¿Pero qué es la Resurrección de los cuerpos y de donde viene?
En fin, ¿qué es y cómo resucitamos? Lo que profesamos en el Credo es la certeza de que lo material puede hacerse de nuevo, que todo puede realizarse aquí en la tierra, porque si el Padre puede, por intermedio del Rey Cristo Jesús, resucitar un muerto como lo hizo con Lázaro, ¿cómo no podrá resucitar todo lo que tiene cuerpo, es decir, forma?
Toda la realidad visible es renovable, nada se pierde todo se transforma, como dice un principio de la química. Puede resucitar un mundo si puede resucitar una sola persona porque se deja amar por Nuestro Padre, por lo tanto, ¿dónde está el misterio?
Morir y Resucitar lo es todo. Es todo lo que Dios nos propone a los hombres alcanzar.
Es todo lo que le propone alcanzar a la Creación entera.
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