Carta Fe Política Apostólica ¡Muerte y Resurrección!
MANUAL PRÁCTICO DE CONDUCCIÓN SUPERIOR
Para todos los hombres en esta agonía universal
37º entrega – parte 2
El Modelo de la Unidad
Un gran conflicto se entabló entre Jesucristo y Su gran fundación, por una parte, y lo que con el Rey llamamos “el mundo” por otra. Todas las ideas y las filosofías de aquel tiempo, consideraban al hombre capaz de bastarse a sí mismo, y a toda creencia, como una mera opinión; igual que ahora.
He aquí la gran antítesis entre la Iglesia de Jesús y las entidades circundantes. Este esencial conflicto ha sobrevivido al tiempo y perdura aún hoy día, cuando no hay distinción entre la opinión y la Fe, y se ha hecho indiscutible para los impotentes la afirmación de que el hombre puede bastarse a sí mismo.
Pero la Iglesia de Jesús nunca creyó que el hombre sea un ser autosuficiente, ni cree tampoco que haya sido puesto, por naturaleza, en posesión de las llaves que abren las puertas del conocimiento total o del bienestar social completo.
Propuso y propone Su Doctrina, no para ser sustentada como opiniones, sino como un cuerpo de Fe.
El cristianismo se distinguió siempre, y fue-es más fuerte, porque propone la afirmación de una Verdad Revelada, y en lugar de hipótesis, consideró-considera su ritual de misterios como realidades, y no como símbolos solamente.
La concepción de la Iglesia de Jesús sobre sí misma, era-es tal que acepta sin dudas su antítesis con un mundo agotado. Sabían aquellos hermanos antes y nosotros ahora también, y esperaban-esperamos con ansias, un Mundo Nuevo: el Reino de Jesús en la tierra.
Los primeros cristianos fueron preparando sus Comunidades para mantener encendida y creciente la llama del Depósito de la Fe y el Amor sin separar Fe y vida privada, vida en común, vida económica y vida socio-cultural, ni Fe y razón, y por eso, Fe y política.
De la misma manera, con la misma Doctrina se forja en Iberia, desde Compostela, el pueblo y los hombres libres que entrarán en América en un único y continuo proceso de formación, mestización y transmisión de la Fe. Este pueblo nuevo no es solamente portador de una Fe encarnada, sino también de un modelo político, de un modelo de hombre y un modelo de la libertad en Dios.
Son los albores de la libertad responsable, que no es sólo la libertad política, sino una libertad más profunda que la incluye, pero que va mas allá: es la conquista para Cristo, primero, de toda la península Ibérica; mas luego, sin interrupción, de toda América. Esta fue la extensión universal del Imperio de Jesús.
Eran los hombres de las Españas, portadores del único Modelo de las Comunidades libres en las que se forjó la Reconquista y los reinos cristianos de la península. Todo esto fundado en un elemento sólido, que es la Evangelización ejecutada por el Arcángel Rafael-Santiago, el Mayor y sus discípulos.
Es el primer y anterior proceso en el tiempo a la entrada en América y a la formulación, para todos, del Modelo Político de las Comunidades.
El único Modelo de las Comunidades libres edifica y cultiva la Autoridad y el poder popular organizado para todos; su negación construye el poder de unos pocos y la esclavitud del resto.
El primero tiende a lo sagrado, al único Dios, Nuestro Dios y a la verdadera libertad, y los otros al materialismo y la esclavitud con libertinaje.
Las Comunidades viven en el corazón de los pueblos-el Corazón del Padre, y su deformación-negación, en los “bolsillos”, los intereses de los ricos y los menos que se creen poderosos porque se apoderan de lo que no es de ellos.
Es el Modelo de la Unidad, el modelo que realizó tanto el trasplante cultural como el mestizaje, el trasplante de sangre, la creación de un pueblo nuevo. Es un proceso único en la historia.
Pero también, en aquellos tiempos, desde los Monasterios-Escuelas de la Vida en el oriente y occidente Euroasiático y en África, emanó la Política del Reino de los Cielos que proveía de lo necesario para satisfacer todas las necesidades del hombre, comenzando por las del espíritu y continuando con las del cuerpo personal y comunitario; y sobre todo, sin separarlas.
Dentro del Plan Maestro de la Obra Redentora, contemplemos además la siembra y evolución del Derecho de los Pueblos que se asentó para proteger la soberanía de las Comunidades, en las que el hombre, cada vez más, cuando más responsable es más libre y deviene en persona. Su dignidad es el centro: el ‹sistema› mismo, por Voluntad de Su Padre Creador en él.
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