ESCUDO PAPAL

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El Papado Gobernante encabeza el Colegio de los Apóstoles de los últimos tiempos que asumen unidos, SER el Señor y Maestro Jesucristo, servidores a la única Iglesia que Él mismo fundó, su conducción: el Imperio del Sagrado Corazón de Cristo Rey.

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martes 10 de enero de 2012

* Que pasa despues de la muerte del cuerpo _ Resurrección Primera

Carta Fe Política Apostólica ¡Muerte y Resurrección!
MANUAL PRÁCTICO DE CONDUCCIÓN SUPERIOR
Para todos los hombres en esta agonía universal
41º entrega

Los cuerpos psicofísicos de los fallecidos, los cadáveres, aunque se destruyan visualmente o desaparezcan, quedan guardados en la Memoria de Dios esperando su Resurrección.
También en la memoria del espíritu-alma al que pertenecía dicho cuerpo, y en la memoria de aquellos que aún encarnados lo sigan amando, haciendo memoria de él aquí en la tierra.
Es la comunión de los santos hijos de Dios en la cual sus seres queridos, pueden ayudar a los difuntos a purificar su alma y a decidir reencontrase-reconciliarse con su Creador.
Llegando a los tiempos finales, hacia y en el Juicio Final _ya que este, en un sentido, no consiste en un solo día_ los cuerpos saldrán de sus lugares o de sus tumbas. Resucitados por espíritus nuevos, y todos serán reunidos, para este día glorioso.
Los cuerpos que han desaparecido o fueron destruidos o quemados serán recreados desde el Espíritu Santo, porque el cuerpo nunca se pierde, al igual que el alma y el espíritu; son eternos en la Memoria del Padre. Está escrito: ‹…polvo eres y al polvo volverás› (Cf. Génesis 3, 19) y así es; del polvo volverá Resucitado, y volverán más hermosos aún que antes.
Se preguntarán, ¿dónde habitarán los Resucitados? Nos les anunciamos que el planeta tierra se agrandará; es más, ya lo está haciendo. Todos habitarán en el Nuevo Mundo.
Es un movimiento de expansión del planeta que no lo vamos a sentir directamente pero ya está sucediendo y sus consecuencias los “sabios” de este mundo no se lo pueden explicar o lo explican mal, pero ocurre y ocurrirá necesariamente. Un ‹nuevo cielo y una nueva tierra› (Isaías 65, 17-25) serán una misma cosa, y ya lo están empezando a ser.
No dudemos, ¿acaso no dependemos, amamos y adoramos a Nuestro Dios de los imposibles?
Pero para Resucitar no es necesario esperar la muerte del cuerpo psicofísico. Ni es ese el único camino para alcanzar la salvación, la beatitud, la Vida Eterna en permanente contemplación del Rostro de Dios. ¡Es necesario repetirlo y repetirlo porque es lo más difícil de creer-aceptar para el hombre actual!
Una catequesis insuficiente y los ocultamientos de lobos disfrazados de corderos traidores al Señor, han ignorado en principio lo afirmado por Cristo Rey en los Evangelios acerca de ‹nacer de nuevo› (Cf. Juan 3, 1-21; 1º Pedro 1, 3. 23). Es una herejía no combatida y aceptada en los hechos, para poder convivir y co-existir “amistosamente” con el reino del príncipe deste mundo: el mundo muerto.
Insistimos aclarando: no se trata de la muerte del cuerpo solamente. No olvidemos que cuando un discípulo le pidió permiso a su Maestro para ir a sepultar a su padre, Jesús le respondió: ‹Deja que los muertos sepulten a sus muertos, y tú ve donde eres llamado y anuncia el Reino de Dios› (Cf. Mateo 8, 21-22).
Jesús llama muertos a los parientes del aspirante, porque estaban sumergidos en la inmovilidad y el sueño de la vida material. Son muchos hoy los muertos que caminan, respiran, se alimentan, visten, etc.
La Resurrección consiste en que la carne y la sangre caída, sea tomada y conducida por el Espíritu Santo, y por eso, también la mente, co-mando o cerebro humano.
Cuando el espíritu anula los procedimientos de la mente y co-mando, éste vuela con total libertad; estado que le permite unificar espíritu, alma y cuerpo. Esto es el Primer Cielo.
Pero nada de todo esto se puede si cada uno no tiene Misericordia de sí mismo.
El Perdón es el motor de toda Resurrección.
¿En qué conciencia o pensamiento humano cabe lo que nos ofrece el Creador, nuestra naturaleza original? Sólo se puede vislumbrar en las luces, que son los sueños de libertad que nuestro corazón alberga.
Por eso, para ejercer esta potestad, que es nuestra por siempre, es necesaria la plena confianza en Nuestro Padre, ¿Qué potestad? La de gobernarse y gobernar a la Creación toda.
Si así lo queremos, veremos mucho más allá de lo que hoy vemos y eso nos mantendrá en alto, lejos del suelo. Habrá mucho para mirar y ver, y eso mantendrá nuestro vistazo fuera de nosotros mismos, de nuestro “ombligo”.
Nos veremos con Jesús porque nos veremos en el otro: nuestro hermano, nuestros prójimos-cercanos en verdad. Nos veremos con el Rey y la Reina Madre en nuestros seres amados: esposo, hijos, esposa y el pueblo. Es el Amor verdadero a uno mismo.
El Amor contemplación de la historia resucitada, de la carne resucitada por el espíritu, cuyo fruto es la familia, es decir, el Amor a la familia hecha en y con Cristo.
Lo concreto de la Resurrección comienza por querer y aceptar la Total Dependencia para con el Padre, reconociendo que uno mismo es nada.
De esta manera se vuelve a la tierra, al Primer Cielo, a los tres Cielos en uno. Esto es la Resurrección de los cuerpos en espíritu, alma y cuerpo; es la resurrección primera.[1]
La muerte y la Resurrección las maneja Dios; el Espíritu-Jesús es el Señor del tiempo.
Depende de la docilidad de cada uno, para que el Uno obre en su interior.
Sin embargo, hay un secreto para que la Resurrección se haga aún más concreta.
Dios Trino, el Uno, pone el cien por ciento: Su Gracia, la esencia, que en realidad es todo; nosotros los hombres, también tenemos que poner todo de nuestra parte, nuestro cien por ciento, también.
Esto es: ¡la decisión personal para todo!, y antes que nada, elegir amarloàamarnos como somos, por lo que somos, porque Dios es así en cada uno.
Pero por eso, no pensemos que los esfuerzos que hacemos sean en vano; Él todo lo recoge y utiliza; lo “bueno” y lo “malo” es utilizado para llenar Su Cáliz de Salvación.
¿Acaso la nada puede cargar algo?, ¿se puede poner algo arriba de nada? ¡No!
Entonces el hecho de hacer visible la verdad de cada uno, sea cual sea, y la de todos se ve facilitada cuando no nos cargamos con responsabilidades que no son nuestras; y en cambio, sólo cargamos con la propia cruz que Jesús Salvador ha puesto en nuestras espaldas, cuando la cargamos realmente por Amor y no la dejamos a un costado, dicha carga se hace ligera.
Por momentos, en determinadas situaciones o apuros, la persona de Fe se anima a morir para ‹nacer de nuevo›; y lo intenta, pero algo falta. Falta poner esta libertad inimaginable en Sus Manos, las de Dios, y ejercerla, a su vez, con responsabilidad, para que podamos separarnos a tiempo de grandes errores que estemos por cometer. Es fundamental creerle a Él, creyendo a su vez en lo que quiere cada uno.
Querer resucitar y amar no es solamente escuchar y obedecer a Jesús, María o al Padre. Una vez logrado esto, el corazón experimenta el mismo querer con Su Creador y Salvador, y ya todo se hace más fácil y sencillo, porque es el Uno haciendo directamente en nosotros. Comenzamos a dejar de lado costumbres, vicios, miserias que obstruyen el accionar del espíritu o de la Gracia.
Resucitar entonces es ser felices porque descubrimos que de un momento a otro, estamos haciendo las cosas como siempre quisimos hacerlas, Unidos totalmente al Rey Cristo Jesús y la Reina Madre María. ¡Este es el momento, no lo desaprovechemos!
El Redentor nos ofrece todo, nos propone todo. Marchando hacia lo desconocido, en donde sólo el espíritu y el Amor pueden vencer; dónde el Amor se hace carne y la carne se resucita. Es la derrota del extravío y del pesimismo, el desaliento que nos invade.
Su Padre y Padre Nuestro nos extiende Sus Manos para que tomemos todos Sus Dones, Su Saber, Su Amor. ¡Adelante amigos a volar, queda mucho por descubrir y conquistar!
Si bien tenemos miedo a perdernos en el Creador, en Su Seno, iremos descubriendo como este Camino, Verdad y Vida es nuestra única felicidad y seguridad.
Dios nos propone que desatemos las amarras, que vayamos mar adentro _como lo presentara su amado hijo san Juan Pablo II en el año 2001_ a conquistar nuevas tierras, a dominar tormentas, a marcar un camino, una ruta que muchos puedan seguir.
Pero si no hay confianza, si no Le Tenemos Fe-nos tenemos Fe, todo es distinto.
Hemos contemplado en esta Carta los efectos y consecuencias visibles de este combate fatal.
Lo que nos pasa y sucede, ante las reiteradas caídas y recaídas en las incoherencias de la carne y la sangre caída, se llama desasosiego con respecto a toda la Obra: ¡A Joaquín, el Mesías!
Él es la Esperanza, el Poder, el Amor, y el desasosiego, es todo lo contrario.
Caemos en la desazón, desaliento y frustración-acedia, y en ese desasosiego, es decir: padecemos ansiedad, preocupación, malestar, cuidado, zozobra, tribulación, desvelo, comezón.
Vimos en detalle como la necedad y sin razón ocurre frecuentemente, se llama: la carne y la sangre caída y no tiene razones válidas, por lo tanto, seamos simples, ¡ignorémosla!, y no nos detengamos.
El problema está en que la mente no deja de tener esquemas o estructuras de pensamiento que la llevan a comportarse equivocadamente según las situaciones; el cerebro de la caída no puede parar, silenciarse.
También puede ser comodidad o algo más: no querer o negarse a crecer en responsabilidad para seguir siendo infantiles en vez de niños responsables.
Es un vicio que parece que nos da seguridad porque es conocido. Se teme perder la juventud cuando no hay mayor juventud que vivir Sus Promesas que siempre quisimos y buscamos con ardor en el corazón.
Si pasamos por momentos de pasión y fulgor por el Reino, y también tenemos las falencias de la carne y la sangre caída, débil y chocante, ¿cómo podría ser menos en aquellos que no pueden soportarse, o el que está hundido en el desaliento de este mundo o encandilado y ciego por otras pasiones que lo mantienen alejado, y el que sufre su no Amor-no Perdón?
Sacarse esa mochila pesada y vieja de rencor y desaliento y Resucitar en el encuentro con el otro con la Mirada del Uno sobre lo invisible y visible. ¡El secreto: es ir de lo eterno a lo finito… resucitado!
La Verdad se une al Amor, y efectivamente esto es parte de ese proceso que vamos viviendo todos, así es porque la verdad suele ser horrible, desagradable, dolorosa. ¡Pero nada es tan terrible!
Para poder ensamblar espíritu-alma-cuerpo, y empalmarnos entre hermanos, es necesario primero que en uno la verdad se una al Amor, si no, no es posible; y hacerlo a diario sin miedos a la verdad de los pensamientos-sentimientos recurrentes que nos gustaría no tener pero tenemos.
Así es con la Verdad, que es la única que nos hace libres para amar en Verdad y con Justicia.


[1] ‹La Revelación Suprema de Todo Bien› – Nº 46

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