ESCUDO PAPAL

ESCUDO PAPAL
El Papado Gobernante encabeza el Colegio de los Apóstoles de los últimos tiempos que asumen unidos, SER el Señor y Maestro Jesucristo, servidores a la única Iglesia que Él mismo fundó, su conducción: el Imperio del Sagrado Corazón de Cristo Rey.

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lunes 2 de enero de 2012

* Una Nueva Conducción III

Carta Fe Política Apostólica ¡Muerte y Resurrección!
MANUAL PRÁCTICO DE CONDUCCIÓN SUPERIOR
Para todos los hombres en esta agonía universal
35º entrega – Una nueva conducción, parte 3

Asumimos los Apóstoles de los últimos tiempos que son-somos Tercera Creación, esto es creemos que somos conductores que ejercemos esa Conducción Superior que no es la reducida conducción humana.
La Tercera Creación nos da, en la unión santo-pecador, una cualidad decisiva, la del Conductor, que debe ejecutar una Conducción que es la de Dios y no la de los hombres.
El conductor es un lugar-función deseado por todos en la coexistencia humana, pero esquivado por muchos, ya que consiste en adquirir responsabilidades más que privilegios y derechos; porque la vocación misma, el llamado de Dios, es el premio.
Es el ser, que la personalidad de quien conduce, le da a cada Doctrina sin perder la esencia misma del Creador. Es el conductor, el primer ejemplo, por la grandiosidad de conducir no sólo los ámbitos todos, sino primero por entre la libertad de los hombres, el hilo eterno del hombre Cristo crucificado en el seno de los hombres, en los dolores de los pueblos: el Unigénito Servidor Sufriente.
El Amor es la realidad de ejecución más eficaz y más grande entre todas las herramientas de las que puedan haber dentro de los discernimientos de los co-mando o mentes, y de los planes de cualquier conductor, para él y para sus conducidos.
Se trata para nosotros de encarnar y desplegar al Conductor por excelencia: Jesús-Amor Conductor, y por lo tanto, Su Política-Conducción tiene otro objeto: imponer sí, pero el Amor-Sagrado Corazón, el Imperio del Sagrado Corazón de Cristo Rey, y no simplemente una voluntad más o menos despótica.
Es Imperio porque es la imposición del Amor, y esto sólo quiere decir que quien conduce, decide unilateralmente, por motu proprio, amar más y más, hasta lo no amable-desagradable.
No es la imposición como lo entiende el mundo muerto que fecunda miedo. Como hemos visto, el miedo es desconfianza en Dios y es un obstáculo para la Conducción del Rey Jesús. Quien se resiste a aceptar Su Conducción pone excusas desde los miedos de la carne y la sangre caída.
La Voluntad de Dios no puede ser determinada en este Cielo de la Forma, ni ser imposición de fuerza inapelable, eficacia total sin “fallas” y “equivocaciones”; por eso además, Tercera Creación, donde siempre es Dios en nosotros, los hombres.
En las concepciones mundanas de la política-conducción _la imposición de una voluntad en detrimento de la libre voluntad de los demás_ el elemento fuerza, es determinante.
Pero en esta Nueva Conducción vemos un cambio esencial.
Siendo la hora de la Tercera Creación y el momento del regreso de todos Sus hijos a la Casa del Padre-el Paraíso, la fuerza, primer factor del despliegue de la Política son todas las creaturas humanas y no una parte o facción, como ocurriera en todos los casos anteriores en la historia.
Porque la conducción para los hombres, en la concepción clásica del arte de la guerra y su continuidad por otros medios: la política, el combate y las batallas suponen la contradicción entre dos fuerzas como mínimo, donde se busca la imposición de una de esas fuerzas en lo visible, sea por causas justas o no; la cual debe conseguir que la o las fuerzas oponentes, se rindan o dobleguen o sean aniquiladas, exterminadas.
En la Nueva Conducción-Política, o la Fideipolítica de Conducción, se trata de conducirlos a todos los hombres, y no sólo a una parte para imponerse sobre las demás; y el combate fatal y las batallas tienen como única meta la unicidad-unión de todos.
Sin embargo, en esa medida, el aniquilamiento de toda oposición no consiste en la eliminación de fuerza necesariamente. Aunque si hace falta, también habrá aniquilación física; porque cuando es el espíritu unido a Dios quien conduce, las formas no importan.
Se genera así una paradoja: resulta que nuestra Fuerza, no es ni puede ser “propia tropa”. Siendo casi toda fuerza opositora, rebelde o indiferente, igual es nuestra fuerza pero es, ¡la Fuerza del Amor!
¿Cómo se puede hacer lo anterior sin organización, reconocimiento o adhesión ni vítores y aplausos?
Contamos con la Trinidad de Luz, que en la Nueva Conducción es un método, sistema y forma del Señor. Existen dos tipos de triángulos, sea en los vínculos o en las relaciones. Los que hoy se conocen: frutos amargos que dejó el demonio y que funcionan siempre en un continuo “dos contra uno”; por eso las teorías mundanas las llamó: “el tercero excluido”.
Es decir, en estos, siempre hay un tercero que queda afuera; popularmente conocido como “el tercero en discordia”; y en su política, ese tercero excluido siempre es el pueblo, su mayoría humilde.
Las Trinidades de Luz son Trinidades de Conducción que incluyen y contienen siempre al tercero, y la medida de esa inclusión, es la medida del Amor y de su Fuerza, Concretitud y Poder.
Somos Arcángeles encarnados y nuestra misión es conducir al Hogar del Padre el cuerpo y el alma de todos los hijos de Dios, y no solamente los propios. Adquirimos así una mayor responsabilidad racional o libertad responsable con respecto a todos nuestros hermanos, porque se nos ha dado mayor conocimiento y más armas. Somos Sus Apóstoles conductores de Amor; la nueva y última Creación.
Esta es la misión que ha asumido el nuevo Adán Gabriel y la nueva Eva Amitiel: Pedro Segundo Gabriel unido a María Liliana Amitiel con el Hijo Joaquín: custodiar y dominar la Creación en sus tres estadios a través de la Política del Reino de los Cielos.

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