Carta Fe Política Apostólica ¡Muerte y Resurrección! MANUAL PRÁCTICO DE CONDUCCIÓN SUPERIOR
Para todos los hombres en esta agonía universal
44º entrega
Para todos los hombres en esta agonía universal
44º entrega
Todos los hombres, tengan o no religión, cualquiera sea su fe, su cultura y etnia, presienten o saben-recuerdan, en general confusamente, al Paraíso, y buscan retornar.
Quieren volver a él, lo han intentado siempre pero claro, equivocan el Camino y no conocen o recuerdan con exactitud la meta, sea porque la ignoran o porque están confundidos o engañados.
Esa búsqueda universal de la seguridad, es el impulso más oscuro y antiguo del hombre caído a encontrar o volver al Paraíso huyendo del miedo, impulso que aún perdura.
Este impulso es la raíz de los sistemas sociopolíticos y económicos que los hombres inventaron desde el principio de la historia para, a la manera de Babel, (Cfr. Génesis 11: 1-9) construir su propio paraíso. Pero esta manera es la negación-lucha-combate que enjuicia a Dios en sus servidores y los pueblos humildes.
Todos estos sistemas que se ensayaron en la historia son diversas formas de oponerse y negar el único Modelo de las Comunidades judeo-cristianas, como ya examinamos. Tienen en común esas concepciones no aceptar y rechazar a la común-unión de la Santísima Trinidad.
La co-existencia de los hombres tendrá-tiene entonces formas de ejecución totalmente opuestas; una la del hombre caído, otra, la de Su Creador. La educación y formación pagana de la polis y la educación y formación sagrada de los patriarcas y profetas de Israel y de las enseñanzas de Nuestro Señor Jesús.
La Negación-odio de Lucifer y sus aliados, y la Fuerza y Concretitud del Amor, que es Dios.
Se generó por esto una lucha larga que inexorablemente conduce a la salvación del hombre o a perderse momentáneamente, saliéndose del Camino de regreso a la Casa del Padre.
Los conflictos sólo fueron-son una demora, eso sí, de miles de años, que abarca a todas las culturas y las civilizaciones en los cinco continentes.
Para rechazar con convicción todas las experiencias fracasadas y propuestas gastadas de los sistemas socio-políticos de administración y gobierno humanos, el hombre actual necesita, más que nunca, saber y conocer que el Paraíso terrenal es su deseo más profundo: la libertad, la felicidad, el amor.
Es una de las revelaciones más grandes y profundas que Nuestro Padre nos ha mostrado porque lleva a cada hijo Suyo a la esencia de su ser, y a la perfección en el Amor, la felicidad y la libertad que busca.
En este momento histórico, el inevitable proceso de muerte-Resurrección _ ya que la muerte es sólo el paso a la Vida Eterna_ nos lleva a hacer real, a poder realizar el querer profundo de todo hombre de todos los tiempos en las siguientes metas-necesidades-derechos…
Cubrir todas sus necesidades, sean las materiales como las del Amor, con seguridad para él y los suyos o propios frente a las amenazas o peligros. Ser felices y libres de toda imposición, vivir alegres y en paz junto con sus seres queridos _porque los hombres se necesitan mutuamente, si o si_ por lo tanto, ser amados y amar a otros, unirse varones y mujeres, concebir y criar hijos, o sea prolongar la especie creando y recreando, y vivir mucho tiempo, eternamente.
Estos, los deseos más profundos y universales de nuestros corazones, expresan, nos muestran la Presencia del Corazón del Padre en cada creatura, en cada hijo Suyo. Esto mismo es lo que ambos quieren siempre: Creación y Creador.
Es la esencia del Paraíso: un querer lo mismo y rechazar lo mismo en perfecta unión.
El Paraíso es la inmortalidad y la felicidad eterna del hombre: mujer y varón.
El corazón-espíritu en una Vida Nueva del hombre que quiere-decide ser feliz, tiene un ideal en su interior que late y lo busca, es parte del alma que tiende al Padre y busca la felicidad en el Cielo de la Forma o la tierra, uniendo en armonía la trinidad del ser del hombre: espíritu-alma-cuerpo. ¡Esto es Resurrección!
Entonces, ¿qué es el Paraíso prometido? Es mucho más que un lugar; es un Todo y un estado del espíritu-alma-cuerpo también. El Paraíso es ese estado del alma donde no había-hay ni dolor ni infelicidad, ni pecado-desobediencia ni muerte sino felicidad y plenitud eterna. Es, como ya dijimos, el corazón sano, puro e inocente, sobre todo, de un niño.
El Paraíso es el Inmaculado Corazón de Nuestra Madre María, donde Ella habitó siempre porque permaneció siempre Virgen, Santa e Inmaculada por su sincera humildad. El Dulce e Inmaculado Corazón de Mamá habita en el Seno de Papá, en Su Corazón, sobre el Corazón Sagrado de Jesús también, los tres Corazones, en realidad. ¡Un solo Corazón!, unidos en el Espíritu Santo, que vivifica para quien así lo busca y quiere con rectitud de corazón, las realidades de la Nueva Materia del Paraíso sin pecado original.
La Resurrección-el Paraíso es el ámbito del más alto Amor de Amistad que pueda existir donde se restablece aquella Amistad primordial de la Creación, la Amistad entre el Creador y sus creaturas predilectas (Cf. Juan 15, 15). ¿No es hermoso que podamos ser amigos del Señor?
Qué alegría que le da al Rey Cristo Jesús, al Dios Uno, esta cercanía: es el fruto más preciado de la cotidianeidad con el Uno, porque, si así lo queremos, lo vivimos y lo sentimos en espíritu-alma-cuerpo.
Es una permanente Amistad-Unidad. Es ser Uno con Nuestro Amigo Jesús y Nuestro Padre; sentir el consuelo permanente de Nuestra Madre, vivir en el seno de la Trinidad y con Paz en el corazón.
Con la Resurrección vivimos la castidad, que es simplemente fidelidad. Es la castidad-fidelidad un vivo recuerdo del Paraíso; su raíz y fuente es la integridad absoluta del ser espiritual, mental y corporal en el Amor. Abarca toda la gama de relaciones posibles entre dos seres diferenciados y polarizados.
La castidad no es indiferencia sino integridad del ser en el Amor y, el Amor, es unión vivida; en especial, en el Amor sexual. Esto es muy importante, ya que al decir Paraíso, inmediatamente, por la infección generalizada de la contracultura de la muerte y la perversión, el hombre, mejor dicho: la carne y la sangre caída, ubica en el foco los deseos carnales separados de Dios.
La impudicia es la autonomía de todo deseo parcial, en detrimento de la integridad del hombre espiritual, su alma y lo psíquico-corporal; sexual también.
Sólo se es casto cuando se ama con la totalidad del ser; concepto que el exceso de moralismo distorsionó completamente reduciéndolo a formas exteriores, preceptos y reglas.
La castidad-fidelidad entendida como la posibilidad de amar con la totalidad del ser, encausa esta necesidad-deseo-esperanza del espíritu, que en la carne y la sangre caída, era-es mal traducida.
Porque este es el Amor puro, y puro Amor. Por aquí, sin moralismo de por medio, ronda lo central del Paraíso que el Padre nos regala y quiere regalar.
Podremos maravillarnos en el Rey Cristo Jesús logrando arrancar del corazón de nuestros hermanos los deseos y sueños más profundos e íntimos para que se reconozcan, conviertan, crean y se salven.
Lograremos saber lo que quieren, nosotros mismos y todos: el prójimo; trasladar a las cosas materiales la inmortalidad de lo espiritual, es decir, lograr que los bienes que son también Su Amor perduren mucho más; y es más, poder repararlos con el Amor. Es decir, hacer nuevas todas las cosas.
Conseguiremos someter y dominar a la Creación para que dé fruto abundante, tanto los pájaros, los animales todos, las plantas, las flores, cuando queramos y lo necesitemos.
Podremos revertir cada uno de nuestros pecados y manchas en nosotros y en nuestros hijos, y sobre todo en quienes nos engendraron a nosotros: nuestras familias de la carne y sangre, que serán ya de Belentuel y Mannuel.
Los familiares que nos esperan en el Reino del Padre y el Hijo aquí en la tierra, la carne y la sangre Resucitada por el Espíritu Santo, son Belentuel y Mannuel, un mismo espíritu: María y Jesús en un mismo corazón unido, como ya lo reveláramos-escribimos.[1]
El Amor de la pareja varón-mujer será pleno descanso en Dios, en todo momento.
Podrán los servidores-conductores, en espíritu-alma-cuerpo, trasladarse de un lugar a otro sin dejar de estar en el primero en casos excepcionales; y habrá muchos debido a las necesidades de las gentes.
Estar a la vez en varios lugares y ser consciente de ello, porque el espíritu ya lo hace, y se sale del cuerpo para poder hablar.
Resucitarán los cuerpos muertos y los resucitados podrán ver a los resucitados aún no encarnados en cuerpo glorioso; ellos murieron y se identificaron con Jesucristo, lo vieron.
Los que estamos en la tierra tenemos que morir para resucitar y verlos, para que se produzca el nuevo encuentro: el encuentro de los Resucitados en el Cielo de la Forma, una nueva relación entre pares.
Porque lo que murió-muere es una forma de relación junto a los vínculos adulterados.
Alcanzaremos a manejar el tiempo y será simple decidir cada cosa en el momento en que queramos y que se haga visible. La unidad perfecta entre Fe-querer-decisión-convicción-acción; contemplando lo que se quiere y las necesidades siempre desde Nuestro Padre; cómo Él lo ve.[2]
Resucitados podremos ya descansar cuánto, cómo y cuándo queramos; el descanso será pleno y puro gozo del Amor de Nuestro Creador y de sus creaturas.
El hombre ansía o desea, desde el momento mismo que se hace consciente de la realidad que lo rodea, controlar o tener el dominio sobre situaciones, personas, bienes y cosas. Pero resucitados no necesitaremos controlar todo, podremos dominarnos, para así poder ser reyes de la Creación.
Dominar la Creación como Dios quiere y abarcar ese todo que primero es en nosotros, si nos animamos a volar-creerlo así, de manera sencilla, dejando aflorar todos nuestros deseos profundos.
[1] ‹La Revelación Suprema de Todo Bien› – Nº 53
[2] ‹La Revelación Suprema de Todo Bien› – Nº 54
0 comentarios:
Publicar un comentario